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• Seguridad social
Bush y quienes lo apoyan no se cansan de repetir que, tal como está planteado, el sistema público de jubilaciones no es sostenible debido a que la gente vive más años y a que el índice de natalidad ha bajado. La principal propuesta que se maneja es que los empleados puedan invertir en cuentas de ahorro privadas un tercio de sus contribuciones actuales a la Seguridad Social, que suman 12,4% de sus sueldos -cantidad pagada en partes iguales por el trabajador y su empresa-, con un límite de 1.000 dólares al año. Para la Administración, esta reforma está en línea con su filosofía de convertir definitivamente a EE.UU. en una «sociedad de propietarios».
Arguyen que la inversión privada de su dinero -con las garantías legales que tendrán las cuentas de ahorro-aportaráa los ciudadanos un rendimiento mucho mayor del que consiguen con la Seguridad Social.
Políticos y economistas no se ponen de acuerdo sobre las consecuencias de la reforma. Ni siquiera entre los congresistas republicanos hay consenso. Los enemigos argumentan que Bush exagera las debilidades del sistema actual y que quiere desmontar uno de los programas gubernamentales más exitosos de la historia, amén de desviar gigantescos recursos hacia bancos y aseguradoras.
El gobierno insiste en que los jubilados actuales y quienes estén próximos a retirarse no deben temer por sus pensiones. No obstante, el poderoso lobby de los jubilados, la American Association of Retired People, está en pie de guerra y va a gastar 5 millones de dólares en publicidad para atacar los planes de Bush.
Una de las grandes incógnitas de la reforma es cómo se financiará el enorme déficit público en la fase de transición para garantizar que no quiebre el sistema.
Otra de las obsesiones de Bush que va a tramitarse con urgencia es la reforma de la litigación, para poner topes a las desorbitadas indemnizaciones que pueden decidir los tribunales en casos de daños y perjuicios, especialmente por errores médicos. La Administración subraya que las prácticas actuales disparan el costo de los seguros que pagan médicos y hospitales, y que eso repercute en el altísimo precio de la atención sanitaria. Los críticos rebaten estas tesis con estadísticas y dicen que se trata de un paso más de Bush para favorecer a su clientela política, en este caso empresas y aseguradoras.
Otros proyectos son la simplificación del código tributario y una nueva ley energética más favorable a la expansión de la industria. El tema de los impuestos está pendiente del informe de una comisión bipartidista que presentará sus conclusiones en julio. Los más radicales del bando de Bush querrían eliminar la progresividad del impuesto sobre la renta y compensarlo con un impuesto directo sobre las ventas. Parece muy difícil que eso se plasme.
El nombramiento de jueces es una de las prerrogativas más poderosas de un presidente y allí donde Bush mostró mayor agresividad en su primer mandato. El Senado bloqueó una veintena de sus designaciones más controvertidas en tribunales federales y de apelaciones, pero él insiste en presentar los mismos candidatos.


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