El segundo cuatrienio, que se inicia hoy con la nueva jura del cargo, seguirá condicionado por la guerra global contra el terrorismo, por el arriesgado experimento iraquí y por el deseo declarado de propiciar un arreglo entre israelíes y palestinos.
La intención de Bush, sin embargo, es
Bush tiene prisa por mover la burocracia parlamentaria. Sabe que los segundos mandatos acaban siendo demasiado cortos. Cuando se acerquen las elecciones legislativas parciales de noviembre de 2006 quedará condicionada la actitud de muchos congresistas, más pendientes de su reelección que de cooperar con la Casa Blanca. El presidente comenzará un largo adiós y será un «pato cojo», con una autoridad en declive y menos palancas de influencia. Por eso Bush
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