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La jornada electoral, denominada «el día de la gran movilización» y exaltada por la prensa local «por ser la voluntad democrática del pueblo iraquí ante las amenazas de Estados Unidos», se realizó con tranquilidad y sin incidentes. El referéndum tuvo como único candidato a su propia sucesión, a Saddam, y los órganos del Estado iraquí transformaron este «ejercicio electoral» en un desafío al presidente norteamericano
El censo electoral, que en 1995 dio a Hussein un sugestivo 99,96% de los sufragios, fue escrupulosamente elaborado sobre las cartillas de racionamiento que fueron distribuidas a la población tras la entrada en vigor de las sanciones internacionales. Basadas en el lugar de residencia, permiten localizar con rapidez al que se atreviese a decir no en la consulta, o al que no retirase previamente su papeleta de voto. Inspectores del gobernante partido Baas visitaron hogares aconsejando a sus moradores que «voten correctamente».
La afluencia a las urnas fue casi total, ya que las autoridades electorales informaron que votó casi 100% de los 11 millones y medio de habilitados, de un total de 25 millones de habitantes.
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