Que la actual campaña presidencial viene batiendo récords, no cabe duda. Ha sido la más larga de la historia, con primarias partidarias que empezaron a batir el parche muy tempranamente, allá por los inicios de 2007. Tediosa por lo extensa, pero también intrigante, al ser transitada en medio de un contexto de zozobra económica comparable, según algunos arqueólogos de las finanzas, a la crisis de 1929. Otro récord, entre los tristes.
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Con candidatos que, por origen o trayectoria fuera de lo común y corriente, merecerían también ser anotados para el Guinness: John McCain, un republicano de 72 años, la mayor edad hasta ahora registrada en un candidato que busca un primer mandato en la Casa Blanca; y Barack Obama, demócrata afroamericano, nacido en Hawai (otra rareza) y criado en Indonesia. Y para rematar, Sarah Palin, la postulante a vice, cuyo récord no reside en el género (en 1984, Geraldine Ferraro acompañó en la fórmula demócrata a Walter Mondale) ni en su procedencia (es la actual gobernadora de la despoblada Alaska), sino en que en menos de 40 días logró batir todas las marcas de «bloopers» e intervenciones políticamente incorrectas. Y como consecuencia, provocó la catarata más caudalosa de imitaciones, comentarios y críticas en la prensa escrita, TV e Internet. Récord de (malas) repercusiones.
Lo de Internet es, como se sabe, el otro gran récord de esta campaña. Sobre todo para el Partido Demócrata, que hizo gran parte de su proselitismo por esta vía. Inundó celulares, I-pods y Blackberries con noticias en vivo. La gran estrella resultó ser YouTube, donde, por dar sólo un ejemplo, el discurso sobre la raza que dio Obama (de 37 minutos de duración) fue visto íntegro por 6 millones de espectadores.
Papelones
En lo que respecta a «la contra», las «gaffes» de Palin, o las imitaciones que la actriz Tina Fey hizo de ella en las audiciones de Saturday Night Live (por el canal CBS), han sido bajadas y reproducidas hasta el infinito.
Asimismo, Internet es fuente de riqueza (algo que por estos tiempos tiende a desaparecer) para la carrera presidencial. El Partido Demócrata recaudó por esa vía un promedio de u$s 86 millones mensuales. Se calcula que los gastos totales de ambos partidos para esta campaña superarán la marca de los 1.000 millones de dólares.
En setiembre, los demócratas superaron sus propias marcas y recaudaron u$s 150 millones, casi exclusivamente por Internet. En lo que va de octubre, el «fenómeno Obama» ya tiene acumulados 133 millones en aportes. Además, este partido tiene individualizados a 3,2 millones de aportantes, lo cual, perdón por la insistencia, es otro récord.
En cuanto a la prensa escrita, también anotó marcas en esta carrera por la presidencia. Hasta ayer, 112 diarios ya habían manifestado su apoyo a Obama, y sólo 39 lo habían hecho a McCain. Una relación de 3 a 1, entre los cuales 26 diarios que hoy son pro Obama habían sido pro Bush en 2004. Entre ellos, los influyentes «Chicago Tribune», «Daily News» y «Houston Chronicle». Los de mayor peso y tirada, como «The New York Times», «The Washington Post», «Los Angeles Times », «Miami Herald» y «Boston Globe», todos se han puesto la camiseta de Obama. Y las cifras son apabullantes: 13,4 millones de lectores reúnen los diarios pro Obama, contra 3,7 millones que leen los diarios que suscriben a la fórmula republicana.
Y, como broche de oro, en la última semana, las adhesiones públicas que recibió el senador por Illinois por parte de personalidades mundiales, van también camino al Guinness. Además del ex secretario de Estado y ahora ex republicano Colin Powell, se sumó el alcalde «tory» de Londres, Boris Johnson.
Así, esta campaña presidencial, o más bien la figura de Obama, no sólo viene rompiendo récords en recaudación y seguidores, sino también la rigidez de las estructuras partidarias. Falta todavía que en las elecciones del 4 de noviembre supere la marca más importante: la de los votos que le den la presidencia.
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