Los manifestantes prodemocracia hongkoneses, conminados por el gobierno local a desmontar sus acampadas de protesta, continúan movilizados de manera masiva en el barrio de los ministerios con el objetivo de quedarse.
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Varios miles de personas bloquean aún los principales accesos al barrio de Admiralty sin ninguna voluntad de marcharse antes de la apertura de un diálogo con el gobierno local.
"Debemos descansar ahora porque continuaremos toda la noche aquí a la espera de que la policía ataque. Será una larga batalla", declaraba a la AFP Ken Chung, un enmascarado estudiante de 20 años.
Los manifestantes se concentran en una autopista interior en las inmediaciones de la oficina del jefe del ejecutivo local, Leung Chun-ying, a quien pidieron su dimisión al considerarlo una marioneta de Pekín.
Leung instó a los manifestantes a despejar los accesos para permitir la vuelta al trabajo de 3.000 empelados tras una semana de protestas y días festivos y advirtió de que "tomaría todas las medidas necesarias para restablecer el orden público". Un cordón de policías protegía el acceso a la sede del gobierno.
En medio de esta autopista se levanta una inmensa estatua de madera que representa a un hombre con un paraguas, accesorio convertido en símbolo del movimiento prodemocracia. En sus alrededores, los manifestantes descansaban por pequeños grupos o leían las últimas noticias en sus teléfonos móviles.
Aunque Leung no amenazó explícitamente a los manifestantes con desalojarlos si no obedecían, subrayó la necesidad de que los siete millones de habitantes de esta excolonia británica, devuelta a China en 1997, vuelvan a la normalidad.
En este contexto, pocos manifestantes pensaban que las fuerzas del orden lanzarían una intervención inminente. Los pocos policías visibles en Admiralty parecían darles la razón. "Escuché rumores de que la policía limpiaría esta noche la plaza. Pero dicen eso todos los días", aseguraba Karen Kwong.
Según Occupy Central, uno de los grupos organizadores de las protestas, los manifestantes dejarán el barrio comercial de Mongkok, en la parte continental de Hong Kong, donde fueron atacados por pequeños grupos de hombres sospechosos de tener vínculos con la mafia china.
Los estudiantes, sin embargo, desmintieron estas afirmaciones y varios centenares continúan su ocupación. "Yo me quedo aquí", declaró en Mongkok a la AFP Bosco Leung, un estudiante de 21 años.
Hong Kong atraviesa su peor crisis política desde la devolución del territorio a China.
Pekín aceptó instaurar el sufragio universal para la próxima elección del jefe del ejecutivo local en 2017, pero pretende conservar el control de las candidaturas, una propuesta inaceptable para los manifestantes que han salido masivamente a protestar a la calle desde el 28 de septiembre.
Las autoridades chinas, que temen que el movimiento se extienda, lo han criticado calificándolo de "ilegal" y acusando a sus promotores de crear una "clima hostil".
Los líderes estudiantiles habían renunciado a dialogar con el gobierno, pero luego indicaron que se podrían llevar a cabo negociaciones, aunque solo bajo ciertas condiciones, entre ellas, abordar la violencia de los últimos días. Asimismo, rechazan dialogar con el número uno del gobierno hongkonés.
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