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12 de octubre 2007 - 00:00

Desecha Lula el lastre de su socio más molesto

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El hasta ayer todopoderoso jefe del Senado brasileño, Renan Calheiros, busca con su pedido de licencia poner fin a un calvario político de cinco meses. Comprendió, por fin, que su empecinamiento en evitar lo inevitable arrastraba con él a su Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMBD) y al propio gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, que arriesgaba una rebelión de sus legisladores y un serio apuro fiscal.

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Calheiros se supo abandonado después de hablar por teléfono con sus pares de la bancada del PMDB y de mantener un encuentro reservado con el ex presidente José Sarney, también senador por esa agrupación de centroderecha. Es que se había convertido en un inconveniente para un matrimonio político indispensable entre ese partido y Lula da Silva: para el primero, porque no quiere prescindir del calor del poder; para el segundo, porque sin ese apoyo quedaría en minoría en el Congreso y a merced de la oposición.

Un dato clave para la decisión de ayer fue la rebelión de los senadores del Partido de los Trabajadores, quienes amenazaron al presidente con frenar la prórroga hasta 2011 del impuesto al cheque, una herramienta ya votada en Diputados que aporta al fisco ingresos por más de 22.000 millones de dólares anuales. De concretarse eso, quedaba seriamente comprometida la clave del apoyo que el gobierno conserva entre su clientela electoral: la masiva ayuda social.

  • Advertencia

  • En ese caso -se había advertido desde el Planalto- se habría hecho necesario recurrir a nuevos gravámenes a las exportaciones y a los movimientos financieros, afectando a sectores que explican gran parte del buen momento económico brasileño actual.

    El desplante de los senadores petistas no respondió a ningún repentino amor por la transparencia. Sin ir más lejos, el 12 de setiembre salvaron a Calheiros de la destitución en una sesión escandalosa que los expuso ante los medios y ante una sociedad que reaccionó con indignación. Nadie quiere inmolarse, sobre todo cuando el país se apresta a celebrar cruciales elecciones municipales en 2008.

    No hay que descartar -advertían anoche en Brasil-que el PT salve otra vez al polémico legislador después de que el impuesto al cheque ya sea ley.

    Por otro lado, la rebelión del PT prenuncia una lucha sorda en las inmediaciones de Lula da Silva para la definición de la candidatura presidencial que competirá en 2010. El presidente aspira a jugar como gran elector y no ha descartado elegir como delfín a un extrapartidario, manteniendo la actual alianza que lo acompaña desde el centroizquierda al centroderecha. Pero su partido, que cree haber restañado los daños que le ocasionaron las corruptelas en el último tramo del primer mandato del ex líder sindical, se muestra cada vez más ansioso por ensayar una postulación propia, para la que suena la jefa de Gabinete Dilma Roussef, cercana al ala «desarrollista» de la agrupación y una de las pocas dirigentes que emergió con su reputación a salvo del naufragio ético de 2005.

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