11 de abril 2002 - 00:00

Destrucción e ira, en la ciudad de Naplusa

Naplusa (AFP) - Durante la semana en la que permanecieron escondidos o huyendo del ejército israelí todo cambió en la «casbah» (ciudad antigua) de Naplusa: las calles son montañas de escombros y de las casas sólo quedan los tabiques, pero el momento más difícil para estas familias que comenzaron a volver ayer al barrio histórico será averiguar qué fue de sus seres queridos.

Cuatro mujeres agarradas de la mano se abren paso a duras penas entre los escombros mien-tras observan a su alrededor con rostro asustado. Han pasado cinco días escondidas en un sótano, utilizando un cubo como baño y sin poder cambiarse de ropa hasta que han sentido que la tranquilidad volvía a la «casbah».

«No parece la misma ciudad», repiten mientras se dirigen a la mezquita de Al-Beiq, para saber si los médicos que trabajan allí desde hace días tienen noticias de sus maridos e hijos.

Otras familias van apareciendo tras las montañas de piedras. Algunos palestinos se dan cuenta de que se quedaron sin casa y estallan en llanto.

«¿Están viendo algún terrorista en esta casa, acaso Yasser Arafat vive aquí? Entonces, ¿por qué?», grita un hombre desesperado con dos niñas en los brazos ante su vivienda, completamente destruida.

Los expertos médicos que todavía trabajan en el centro histó-rico de Naplusa rescataron ayer al alba diez cadáveres de entre los escombros. Algunos de ellos llevaban días, a otros les faltaban extremidades porque se las habían comido los perros.

El martes por la noche, el ejército israelí, que controla prácticamente todo el barrio histórico, ordenó a numerosas familias que evacuaran la zona y minutos después bombardeó con helicópteros Apache y aviones de combate F-16 la región a Al-Yasmina, dentro del barrio histórico.


Los médicos temen que debajo de estas toneladas de piedras que cortan la calle en dos puedan estar los cadáveres de los combatientes que no estaban dispuestos a rendirse. En la «casbah» faltan el agua, la luz y la comida.

«Así no podemos firmar una paz, no podemos ni siquiera ser vecinos. ¿Donde están las reglas?», se preguntaban algunos palestinos, llenos de rabia.

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