La moneda brasileña se ha devaluado como nunca con respecto al dólar, la bolsa de Sao Paulo sufre fuertes caídas y el llamado 'riesgo país', que indica los puntos de más que las entidades financieras exigen por sus créditos, llega a niveles sólo superados por Argentina y Nigeria. A pesar de ello, la economía brasileña sigue fuerte y no existe la perspectiva, al menos en el corto plazo, de una situación como la argentina.
A esa realidad regional, Brasil debe añadir el impacto que le producen las restricciones de Estados Unidos a las importaciones de acero, uno de los productos estrella de Brasil. En cambio, Brasil ha tenido que aumentar de manera desproporcionada sus gastos en petróleo, que importa en grandes cantidades.
Dentro de ese marco aparece la posibilidad de la elección de 'Lula' Da Silva, un curtido dirigente sindical, candidato por cuarta vez, con mayores posibilidades que nunca y también con un discurso mucho más moderado que en sus anteriores intentos. Más aún, 'Lula' ha escogido como su compañero de fórmula a un acaudalado político perteneciente al partido liberal.
Aunque los enemigos de 'Lula' achacan los problemas económicos al temor por su triunfo en octubre, es un hecho que, durante los ocho años de gobierno de Fernando Henrique Cardoso, la deuda pública se multiplicó por seis, hasta constituir 54% del PIB. No sería grave, si no mediara la crisis del Mercosur, en donde radicaba hasta hace poco la principal expectativa comercial brasileña.
'Lula' puede ser visto como una versión brasileña de Lech Walesa pero con signo contrario. Sin formación académica, vinculado desde joven al trabajo metalúrgico y al sindicalismo, simpatizante en algún tiempo del comunismo y factor decisivo en el final de la dictadura militar, en 1985. Sus opositores sostienen que, como Walesa, 'Lula' puede ser un buen líder político pero un pésimo presidente.
Los tropiezos de la economía y la atribución de los mismos al 'factor Lula', han hecho caer la intención de voto en su favor y han aumentado la del candidato de la coalición gobernante, el ex ministro José Serra. Sin embargo la intervención de banqueros y analistas extranjeros en la política interna brasileña, oponiéndose a 'Lula', irrita a los brasileños y podría generar un crecimiento de la simpatía por el candidato de la izquierda.
Aún quedan cuatro meses para las elecciones en Brasil y para que el actual Gobierno maneje la crisis. Lo que sí está claro es que los brasileños, orgullosos de su soberanía, quieren desmentir al financista George Soros, quien, al expresar su rechazo por 'Lula', advirtió: "En el capitalismo globalizado, los brasileños no votan, sólo los estadounidenses votan".
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