Ejecutivos de fabricantes estadounidenses de autos llevaron el martes al Congreso de Estados Unidos su caso por el rescate a la industria por 25.000 millones de dólares, al tiempo que esperan revertir la oposición política republicana y de la Casa Blanca.
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La industria ha sido afectada por el disparo de los precios de los combustibles, la crisis crediticia y la desaceleración económica. En los últimos 12 meses, los títulos de GM han caído un 90 por ciento de su valor y los de Ford han perdido más de un 80 por ciento.
La legislación en evaluación proveería un financiamiento superior a los 25.000 millones de dólares en préstamos aprobados anteriormente este año para que las compañías mejores sus tecnologías y creen una línea de vehículos con mayor eficiencia de combustible.
Antes de las audiencias, el presidente ejecutivo de Ford Motor Co, Alan Mulally advirtió que si un fabricante estadounidense de vehículos que se acoja a la ley de quiebras, podría en definitiva ser objeto de una liquidación, ya que sus ventas caerían rápidamente.
"Al proceder con este tipo de reestructuración, las ventas caerían tan rápido que nunca habría oportunidad de recuperación del lado de los costos", indicó Mulally. Además, estimó que de acogerse a la ley de quiebras podría dar paso a una liquidación más que a una reestructuración.
Momentos después, ante legisladores estadounidenses, Mulally advirtió de los efectos devastadores que tendría una quiebra de cualquiera de los grandes constructores automotrices, por el efecto dominó de consecuencias considerables sobre el empleo.
"La quiebra de uno de nuestros competidores tendría un efecto devastador sobre el conjunto de los constructores, manufactura de equipos y concesionarios", indicó Mulally, que citó un estudio del instituto de estudios sobre el automóvil CAR.
Potencialmente, hasta tres millones de empleos podrían verse afectados, destacó Mulally, en un escrito preparado para su audiencia ante la comisión de asuntos bancarios del Senado.
"Nuestra industria es muy interdependiente, en particular para nuestros proveedores (...) si uno de de los constructores nacionales quiebra, los efectos sobre la producción de Ford se haría sentir en los días siguientes, si no en las horas siguientes", apuntó.
El rival de Ford, General Motors (GM), ha advertido que podría verse en la necesidad de declararse en quiebra en los primeros meses de 2009.
Los presidentes de los tres grandes constructores de automotores estadounidenses, Ford, GM y Chrysler, así como el presidente del sindicato del sector, asisten a una audiencia ante la comisión bancaria del Senado, para buscar convencer de la necesidad de mayor ayuda gubernamental.
El presidente ejecutivo de Chrysler, Robert Nardelli, advirtió ante el Senado que "si no hay un apoyo financiero inmediato, la liquidez de Chrysler podría caer por debajo del nivel requerido para poder asegurar nuestras actividades normales", lo que pone en peligro 56.000 empleos directos de la automotriz, 20.000 millones de dólares en cobertura médica asegurada por el grupo y 35.000 millones de dólares que dejarían de ganar anualmente con los proveedores, indicó.
En medio del ambiente pesimista, Mulally anunció que Ford venderá una participación de 20% en su socio japonés Mazda Motor Corp. por 540 millones de dólares, para "recaudar capital que ayudará a financiar nuestra transformación".
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