22 de diciembre 2004 - 00:00

EEUU busca casa por casa a responsables de atentado de Mosul

Fuerzas estadounidenses iniciaron hoy una enorme operación represiva en barrios de Mosul en busca de los autores del ataque que ayer mató a 22 personas en la base militar de Marez, entre ellas 18 norteamericanos.

"Estamos realizando operaciones ofensivas para atacar objetivos específicos", declaró vocero de las fuerzas estadounidense en Mosul, Paul Hastings.

Según vecinos e la ciudad, soldados estadounidenses, apoyados por miembros de la Guardia Nacional iraquí, inspeccionaron barrios del oeste y el sur de la ciudad y allanaron diversas viviendas en busca de sospechosos.

El gobernador de Mosul, Duraid Kashmoula, prohibió el paso por los cinco puentes que cruzan el río Tigris y advirtió que se disparará contra cualquier persona que viole la restricción.

Los residentes dijeron que Mosul, unos 400 kilómetros al norte de Bagdad, se había convertido en una ciudad fantasma debido al cierre de escuelas y negocios, y a que calles, mezquitas y mercados permanecían desiertos.

"Los estudiantes fueron al colegio pero se les ordenó que regresen a casa. La gente fue a los comercios pero vio a los militares estadounidenses y regresó a sus hogares", dijo un vecino.

Un vocero militar estadounidense informó que el toque de queda entre las 9 de la noche y las cinco de la mañana hora local, impuesto hace varias semanas, seguía vigente.

En el que se considera el ataque más sangriento sufrido por una base militar estadounidenses desde la caída de Saddam Hussein, murieron ayer 14 soldados norteamericanos, cuatro civiles de la misma nacionalidad y cuatro soldados iraquíes.

También resultaron heridas otras 72 personas, entre ellas 51 soldados, quienes se encontraban almorzando en la carpa gigante que funciona como comedor de la base y que puede atender simultáneamente a unos 500 comensales.

El comando estadounidenses anunció que realiza una investigación para determinar si el ataque de ayer fue realizado con misiles y proyectiles de mortero lanzados desde larga distancia o de una explosión provocada por un atacante suicida.

La versión acerca de un posible "kamikaze" cobró asidero porque un comunicado divulgado en Internet por el grupo islámico Ansar al Sunna, que se atribuyó el atentado, aludió a una "operación de martirio".

"No se ha descartado la posibilidad de un atacante suicida", dijo un funcionario del Pentágono.

Los informes iniciales indicaron que el ataque fue realizado con un cohete de 122 milímetros cuyo estallido esparció metralla dentro de la carpa, pero esta explicación no fue confirmada.

Mosul es la tercera ciudad más poblada de Irak, con 1.200.000 habitantes, principalmente musulmanes sunnitas y una imporante minoría kurda.

Hasta hace poco más de un mes, la ciudad vivía en calma relativa y se la exhibía como un ejemplo de la pacificación obtenida por la ocupación extranjera que lidera Estados Unidos.

Sin embargo, la calma aparente en Mosul se quebró el 10 de noviembre pasado, dos días después de que los marines comenzaran su ofensiva en Fallujah, cuando la resistencia local lanzó una insurrección y asaltó 10 comisarías.

Desde ese momento, amplias zonas de Mosul quedaron fuera del control de las autoridades, hubo deserción masiva de policías y aumentó la actividad de la insurgencia encabezada por antiguos simpatizantes del gobierno de Saddam Hussein.

Por otra parte, un niño y un adulto murieron hoy en Samarra, 125 kilómetros al norte de Bagdad, por el estallido de una bomba accionada al paso de una caravana militar estadounidense.

Además, el cadáver de un empresario que trabajaba para las fuerzas de ocupación fue hallado en Chorgat, 360 kilómetros al norte de la capital iraquí.

En otro orden, los gobiernos de Egipto y Jordania manifestaron hoy su temor de que en Irak se instaure un gobierno controlado por los chiitas que imponga un modelo similar al de Irán.

"Hay temores fundados de que Irak será controlado por una ideología político-religiosa. Tenemos que proteger la identidad árabe de Irak, que incluye tanto a sunitas como a chiitas", dijo hoy el ministro del Exterior jordano, Hani Mulki, tras un encuentro con su homólogo egipcio, Ahmed Abul Gheit, en El Cairo.

Los dos cancilleres coincidieron en la necesidad de una acuerdo entre sunnitas y chiitas en Irak, antes de las elecciones del 30 de enero próximo, para evitar que estos últimos impongan un orden ideológico-religioso hegemónico.

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