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5 de julio 2007 - 00:00

EE.UU.: científicos pergeñan un soldado de ciencia ficción

• Heridos se congelarán para dar más tiempo al rescate.
• Con bacterias, convertirán sustancias en comestibles.
• Modificarán temperatura de sangre tocándose con guante.

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«Tal vez las guerras se libren con las armas, pero son los hombres quienes las ganan.» Esta frase del general Patton parece inspirar directamente los nuevos postulados de la doctrina militar del ejército más poderoso, así como los programas de investigación de defensa que los sustentan. Lo que parece que está cambiando ligeramente es el concepto de ser humano tal y como lo entendía uno de los héroes de la Segunda Guerra Mundial, aunque sus expectativas sobre las capacidades de sus soldados fueran ciertamente elevadas.

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«Mis hombres pueden comerse el cinturón y hasta los zapatos, pero no pueden orinar la gasolina que necesitan para que anden sus tanques», comentó en plenas discrepancias aliadas previas a la decisiva batalla de las Ardenas. Para admiración del alto mando militar que posibilitó la victoria de 1945, tal vez los soldados del futuro puedan hacer ambas cosas al mismo tiempo. Proyectos actuales de la denominada Human I+D, investigación y desarrollo humanos, con aplicaciones en el ámbito militar, permitirán resultados verdaderamente espectaculares, incluso para alguien como George S. Patton. La revista estadounidense «Wired», una de las biblias de la sociedad digital, desentrañó los proyectos del Pentágono relacionados con lo que se ha dado en llamar human augmentation o human enhancement, es decir, los proyectos encaminados a ampliar las capacidades humanas de los supersoldados del futuro. La siempre fructífera colaboración de la agencia de I+D del Departamento de Defensa de EE.UU. (DARPA), con universidades y empresas punteras en los ámbitos científicos y tecnológicos, se materializa en proyectos muy concretos, algunos de los cuales no han salido aún de las probetas o los tubos de ensayo, pero otros están ya en fase experimental en unidades de elite, como el Mando de Operaciones Especiales. Los biosensores y los uniformes inteligentes capaces de obtener y transmitir información detallada sobre las condiciones físicas y psicológicas de los soldados son toda una realidad. Algunos combatientes de primera línea cuentan ya con prototipos de guantes capaces de refrigerar o calentar la sangre a su paso por la mano, permitiendo así una mayor resistencia de los músculos al cansancio o al frío extremo.

  • Animación suspendida

  • Entre los proyectos destinados a minimizar los impactos en combate y aumentar las capacidades de supervivencia en la línea de frente se destacan las investigaciones relacionadas con la animación suspendida. La técnica, basada en la utilización del sulfuro de hidrógeno, consiste en enfriar el cuerpo de un organismo vivo hasta provocar la paralización de sus constantes vitales para luego devolverlo a la vida cuando esté en mejores condiciones de asistencia sanitaria. Estas técnicas permitirían mantener vivos a soldados con hemorragias potencialmente letales -con pérdidas de hasta 60% de su sangre- hasta la llegada de los equipos de sanidad militar. En la actualidad, se está considerando la posibilidad de probar la técnica en seres humanos, después de que el experimento se haya desarrollado con éxito en animales de laboratorio, según señala «Wired». Las consideraciones bioéticas no han impedido, sin embargo, el desarrollo de otros proyectos como los cócteles energéticos capaces de incrementar la producción de mitocondrias a fin de mejorar sustancialmente el rendimiento físico de los solados. Psicólogos de la Universidad de Columbia colaboran con la agencia federal en el desarrollo de sistemas de estimulación transcraneal magnética para contrarrestar la fatiga. Futuras bebidas energéticas que permitirán un mayor nivel de concentración y de eficiencia para los analistas de imágenes satelitales. La compañía Sarcos Research avanza en los diseños de exoesqueletos que facilitarán las cargas de pesos elevados e incrementarán la fuerza de las articulaciones.

    Sistemas de armas con espectroscopia por infrarrojos aumentará espectacularmente la capacidad para señalar blancos y controlar aviones no tripulados. Con la ayuda de bacterias genéticamente modificadas, los solados podrán aumentar la eficiencia nutricional de sus raciones de campaña e incluso podrán comer sustancias teóricamente no comestibles por los seres humanos. No obstante, y a pesar de los avances en este campo, no parece probable que los soldados del siglo XXI lleguen a ingerir ni las botas ni los cinturones de sus uniformes, como presumía el jefe del Tercer Cuerpo de Ejército Aliado en 1944.

    Otras líneas de investigación en curso apuntan a que si bien tampoco lograrán convertir su orina en combustible para sus tanques, es probable que consigan que su calzado transforme la fuerza que utilizan los pies al andar en energía capaz de alimentar todos los sistemas tecnológicos que alimentan los sistemas de armas del combatiente del futuro.

    Quien considere que los proyectos impulsados por DARPA no son más que engendros futuristas de limitada o nula repercusión tal vez debería echar un vistazo al impresionante historial de logros de la pequeña agencia creada en 1958 con base en Virginia. No más de 250 personas en plantel, a buen seguro un buen número de mentes privilegiadas. No parece exagerado afirmar que todos les debemos algo. En colaboración con las principales universidades y centros de investigación del país, la institución ha desempeñado un papel determinante en la concepción y el desarrollo de Internet -Arpanet es considerada el germen de la red-, del hipertexto, de los programas de realidad virtual, visión nocturna, del bluethooth e incluso del mouse de computadora. Las investigaciones de su primera etapa están marcadas por el hecho que originó su fundación. A raíz del lanzamiento soviético del Sputnik, en 1957, el Pentágono crea la agencia ARPA (Advanced Research Projects Agency) -más tarde se le añadiría la D, de Defense- con la misión de mantener la supremacía tecnológica del ejército americano sobre sus adversarios. Durante la Guerra Fría, sus líneas de investigación están directamente relacionadas con la posibilidad de repeler un ataque nuclear o un sistema de armas con base espacial.

    Pero hoy el escenario estratégico es completamente distinto y ésta es una de las claves que explican las actuales líneas de investigación patrocinadas por el Pentágono. El soldado, y especialmente la infantería, recupera un papel protagónico en el conflicto contemporáneo tras el período de la Guerra Fría, marcado por la disuasión y la escalada nuclear.

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