George W. Bush nombró ayer a John Snow como reemplazante de Paul O'Neill en la Secretaría del Tesoro de EE.UU. Emprende ahora Bush el mayor desafío de la segunda mitad de su mandato, que es superar el estancamiento que sufre la economía y que llevó el desempleo a 6 por ciento, un nivel que no se alcanzaba desde hace ocho años, cuando gobernaba su padre. Snow, un industrial millonario de una empresa de transporte ferroviario de cargas, es proclive a encarar el recorte de impuestos al que se negó O'Neill, y según analistas de Wall Street, aceptaría cierto debilitamiento del dólar para favorecer exportaciones. En el discurso de presentación en la Casa Blanca, en un acto que contó con la ausencia sugestiva de O'Neill, Bush resaltó la integridad de su nuevo funcionario, que reclama hace tiempo comportamientos más éticos de las grandes compañías. Aunque más medido en sus declaraciones que su antecesor, se considera que no habrá demasiados cambios en la política de ayuda a países sostenida por O'Neill.
La dimisión la semana pasada de Paul O'Neill como secretario del Tesoro se debió, según la prensa estadounidense, a que era reacio a implementar recortes impositivos para reactivar una economía ralentizada. Su imagen se había deteriorado ante la sucesión de escándalos financieros que los salpicaron, tanto por sus contactos con los involucrados como por el débil control ejercido.
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