Washington (AFP, EFE, ANSA) - La Casa Blanca debió salir ayer a enfrentar una ola de críticas asegurando que no apoyó el golpe de Estado en Venezuela, aunque admitió que venía manteniendo contactos con algunos de los líderes opositores al presidente Hugo Chávez.
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Mientras, ante el temor a una reanudación de la violencia política, Estados Unidos autorizó ayer el retiro del personal diplomático no esencial y sus familiares de Venezuela.
En la Embajada de Washington en Caracas se realizaron reuniones entre diplomáticos estadounidenses y dirigentes opositores venezolanos, pero «nosotros les dijimos explícitamente que Estados Unidos no apoyará un golpe», afirmó ayer el vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer.
Según el portavoz, quien reaccionó a informes del diario «The New York Times» y la revista «Newsweek», los funcionarios norteamericanos se reunieron con un amplio abanico de dirigentes venezolanos en los últimos meses, entre ellos quien ocupó durante dos días la presidencia de facto en Caracas, el empresario Pedro Carmona, pero «también con parlamentarios pro Chávez».
Durante las reuniones, dijo Fleischer, «nuestro mensaje fue consistente: que la situación política en Venezuela debe ser resuelta pacífica, democrática y constitucionalmente por los propios venezolanos». «Nosotros les dijimos explícitamente a los líderes de la oposición que Estados Unidos no apoyaría un golpe», aseguró.
•Claridad
También desde el Departamento de Defensa se intentó deslindar cualquier posibilidad de apoyo norteamericano al golpe. Victoria Clarke, vocera del Pentágono, reveló que en diciembre del año pasado hubo una reunión entre el inspector de las fuerzas armadas venezolanas, Lucas Romero Rincón -uno de los principales militares sublevados-y el subsecretario de Defensa para el Hemisferio Occidental, Roger Maurer. Durante la reunión con Romero Rincón, Maurer «dejó en claro, muy en claro, que la política de Estados Unidos es apoyar la democracia y los derechos humanos -dijo Clarke-, y que de ninguna manera apoyaremos ningún golpe o actividad inconstitucional». Sin embargo, otro funcionario del Departamento de Defensa, que también participó en los contactos con los antichavistas, dijo al «Times» que el mensaje enviado por EE.UU. fue «menos categórico» y que dejó espacio a la interpretación.
Este funcionario estimó que las señales de Washington a los golpistas fueron «informales y sutiles» sobre su descontento con el presidente venezolano.
El funcionario mantuvo que nunca se dijo claramente a los antichavistas que no intentaran el golpe de Estado pero, tampoco, se alentó el movimiento ofreciendo armas o ayuda de ningún tipo.
En tanto, en una «advertencia a los viajeros», el Departamento de Estado informó que se «autorizó la partida voluntaria de Venezuela del personal de la embajada que no cumple funciones esenciales y de los familiares de miembros del personal del gobierno de Estados Unidos». El Departamento de Estado también aconsejó a los estadounidenses que eviten por el momento viajar a Venezuela, indicando que el país atraviesa una situación de seguridad «volátil e impredecible».
La posición de la Casa Blanca en la crisis venezolana fue criticada por expertos como Arturo Valenzuela, ex responsable de América latina en los últimos años del Gobierno de Bill Clinton. Valenzuela se sorprendió de que, «más que condenar categóricamente el golpe militar en Venezuela, la Casa Blanca y el Departamento de Estado parecieron justificar la intervención militar».
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