Washington (AFP) - La declaración de estado de excepción por parte del presidente paquistaní, Pervez Musharraf, es vista como un retroceso para el deseo de Estados Unidos de estabilizar a Pakistán en el marco de su «guerra al terrorismo».
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La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, dijo que Estados Unidos iba a «revisar la ayuda» de 10.000 millones de dólares que Pakistán ha recibido desde los ataques del 11 de setiembre de 2001.
«Realmente, tenemos preocupaciones, siguen nuestras preocupaciones contra el terrorismo y tenemos que ser capaces de proteger a los ciudadanos estadounidenses, continuando la lucha contra los terroristas», agregó ayer Rice durante su viaje a Jerusalén.
«Tenemos un esfuerzo de contraterrorismo significativo y entonces tenemos que rever toda la situación», dijo luego de que el Departamento de Defensa descartara un corte inmediato a la ayuda militar estadounidense a Pakistán.
El estado de excepción declarado por Musharraf el sábado, que la líder de oposición Benazir Bhutto calificó de «segundo golpe», llega después de semanas de presión estadounidense, incluyendo intervenciones personales de Rice. «Musharraf deja a la Casa Blanca plantada», escribió «The New York Times». Por su parte, «The Washington Post» tituló: «Mientrasla crisis se profundiza, la Casa Blanca disminuye su poder para influir en los hechos».
El senador Joseph Biden, un precandidato demócrata a la Casa Blanca, dijo que la administración de Bush está pagando el precio de adular a Musharraf a costa de la democracia en Pakistán.
Riesgo
Bhutto y su mayor rival de oposición, el expulsado primer ministro Nawaz Sharif, han sostenido que Estados Unidos se arriesga a socavar sus propios intereses al mantenerse cerca de Musharraf.
Rice, la Casa Blanca y el secretario de Prensa del Pentágono, Geoff Morrell, expresaron la decepción de Estados Unidos. Pero Morrell dijo el sábado: «En este punto, la declaración no tiene impacto sobre el apoyo militar a Pakistán en sus esfuerzos en la guerra contra el terrorismo».
Expertos dijeron que Estados Unidos, que ha estado presionando para que Musharraf y Bhutto compartan el poder, puede hacer poco, salvo sentarse y esperar.
«Definitivamente, tendremos que continuar trabajando con Pervez Musharraf en temas claves que han guiado la política estadounidense en los últimos años», dijo a la radio pública estadounidense Teresita Schaffer, del Center for Strategic and International Studies.
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