Ejército sirio y rebeldes trasladan batalla a la segunda ciudad del país
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Se disputan el control definitivo de la segunda ciudad más importante del país.
Después de que los enfrentamientos comenzaran a asolar Damasco a mediados de julio, la lucha entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes del Ejército Libre Sirio (ELS) se extendió hace una semana a Alepo.
El pasado 21 de julio, el ELS en esta provincia anunció el inicio de "la operación para la liberación de Alepo de las manos de las bandas de Al Asad".
El comandante en jefe de los rebeldes en Alepo, coronel Abdulyabar Akidi, informó por internet de que los insurgentes dominan varios barrios como Al Sukari, Al Sajur, Salahedín y Tariq al Bab, lo que supone "casi la mitad de la ciudad".
Akidi agregó que los refuerzos militares enviados por Al Asad a Alepo emplearon en su ofensiva contra los barrios de Al Sajur y Tariq al Bab artillería, helicópteros y cazas Mig 21 de fabricación rusa.
El coronel rebelde señaló que sus combatientes controlan todas las comisarías de la policía ubicadas en los barrios bajo su mando, así como un centro logístico utilizado por el Ejército para almacenar alimentos.
Debido a la ofensiva lanzada contra esta ciudad, los habitantes de Alepo sufren de escasez de pan y otros alimentos de primera necesidad, lamentó el mando castrense, que también denunció la ausencia de hospitales para tratar a los heridos.
También en Damasco se registraron enfrentamientos entre los rebeldes y las fuerzas gubernamentales y bombardeos en distintas áreas, entre ellas el barrio de Hayar al Asuad y al campo de refugiados palestinos de Al Yarmuk.
En la periferia de la capital, los grupos opositores denunciaron una gran masacre en la población de Yalda, donde perecieron al menos 16 civiles, entre ellos cinco menores y cuatro mujeres, y decenas resultaron heridos debido a los intensos bombardeos.
Otras provincias castigadas por los bombardeos fueron Homs (centro), Idleb (norte) y Deraa (sur), donde en el valle de Al Agamy fueron hallados 22 cadáveres pertenecientes a civiles y rebeldes que se desplazaban a la vecina Jordania.
Además de la violencia, el último goteo de deserciones tiene en alerta al régimen de Al Asad, que acusó a "países árabes" de alentarlas, después de que el miércoles el embajador sirio en Emiratos Árabes Unidos, Abdelatif al Dabag, abandonase su puesto y se uniera a las filas opositoras, como ya hizo su esposa Lamia al Hariri, que trabajaba como representante diplomática en Chipre.
El conflicto crece día a día pese a la presencia sobre el terreno de la misión de observadores en Siria UNSMIS y del subsecretario general para Operaciones de Paz de la ONU, el francés Hervé Ladsous.
Ladsous, junto al nuevo jefe de la UNSMIS, el senegalés Babacar Gaye, se reunieron hoy con el ministro sirio de Reconciliación Nacional, Alí Haidar, en un nuevo intento para reanudar la labor del contingente de observadores, que se ha reducido a la mitad tras el deterioro de la seguridad.
Entretanto, la principal coalición de la oposición siria en el exilio, el Consejo Nacional Sirio (CNS), se reúne en Doha para efectuar una reestructuración interna con el objetivo de acoger en su seno a más grupos opositores.




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