Moscú - Algo se mueve en la Plaza Roja. Lleva 83 años insepulta en su mausoleo de granito rojo, es sometida a puntuales baños de glicerina y hace lustros que las colas de turistas apenas la atosigan. En todo este tiempo, la momia embalsamada de Vladimir Ilich Lenin, sumo profeta de la Revolución de Octubre, quizá le deba el período de mayor tranquilidad ultraterrena al presidente Vladimir Putin, que desactivó el debate sobre su entierro tras llegar al Kremlin en 2000.
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Sin embargo, y tras permanecer siete años en el limbo del debate político, una voz oficial vuelve a desenterrar el hacha de la memoria histórica y sugiere que sea el pueblo ruso el que decida en referéndum sobre el entierro del líder comunista, que nunca quiso ser objeto de cultoy debe su eternidad material a su sucesor, Stalin.
El administrador del Kremlin, Vladimir Kozhin, cree que el debate es aún prematuro, pero aboga por resolver la cuestión «a nivel nacional». En una entrevista con el diario «Rossiskaya», Gazeya asegura que «la mejor forma podría ser un referéndum». «Si 80% dijera que el cuerpo de Lenin ha de ser sepultado, entonces nos correspondería actuar según esa decisión», afirmó Kozhin.
«Disparate»
Pese a haber levantado la liebre del debate, el administrador del Kremlin asegura que «por ahora nada se debe tocar», ya que, de lo contrario, podría generarse una ola de protesta por todo el país «que pondría en pie a nuestros padres, abuelos y abuelas». No obstante, Kozhin reconoce que mantener una necrópolis en el centro de Moscú es un «disparate».
Putin reconoció el año pasado que, «al igual que los españoles, nosotros sufrimos una guerra civil, y ahora no debemos contribuir a la escisión».
El primer presidente de la Rusia poscomunista, Boris Yeltsin, habría sacado a rastras con sus propias manos al líder bolchevique de la Plaza Roja de no haber sido por la frontal oposición de los comunistas, que gozaban de mayoría en la Duma (Cámara baja del Parlamento). Aquel tira y afloja fue tan tenso que algunos analistas creyeron que Yeltsin pensaba sacar la momia por las malas para provocar un caos que le permitiera declarar el estado de excepción y prolongar su mandato más allá de 2000.
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