Benedicto XVI durante la celebración del Domingo de Ramos
El Papa Benedicto XVI celebró hoy en plaza San Pedro la tradicional misa del Domingo de Ramos que inaugura la "semana santa" para la Iglesia católica romana.
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La celebración con la presencia de unos 40 mil fieles, entre los cuales muchísimos jóvenes, se abrió con la procesión de ramos de olivos, que fueron bendecidos por el pontífice.
El Papa encabezó la procesión con un cortejo compuesto por centenares de obispos y sacerdotes.
Luego Joseph Ratzinger recitó el Angelus desde la explanada de la Basílica y no como hace habitualmente los domingos desde la ventana de su estudio privado.
El Domingo de Ramos, primera día de la semana de Pascua recuerda en el cristianismo la entrada de Jesús a Jerusalén, recibido por una multitud que agitaba ramos de olivos.
Esta jornada prosigue luego -según los evangelio- con el arresto, crucifixión y resurrección de Cristo.
En su homilía Benedicto XVI sostuvo que "las ganancias, el éxito, la carrera no pueden ser el objetivo último de la vida".
El Papa exhortó a los peregrinos a rever los propios criterios existenciales y los invitó a elegir una vida al servicio "del amor y de los otros".
En particular pidió a los jóvenes no dejarse llevar aquí y allá en la vida, no "conformarse con todo lo que los demás piensan, dicen y hacen, pero mirar "al interior de sí mismos a la búsqueda de Dios".
Miles de jóvenes estuvieron presentes en coincidencia este año con la Jornada Mundial de la Juventud celebrada por los jóvenes católicos del mundo entero en cada diócesis.
Esta Jornada cada tres años da lugar a un encuentro mundial.
El último fue en Colonia, Alemania y el próximo se realizará en el 2008 en Sydney, Australia.
En sus reflexiones, Benedicto XVI partió recordando el ingreso de Jesús a Jerusalén, antes de la pasión y definió a Cristo "el verdadero Salomón, el rey de la paz y de la justicia".
Para "llegar a Cristo" es necesario tener un "corazón puro y manos puras", o sea "no sucias con la corrupción de sobornos", recordó el Papa, retomando las palabras de las sagradas escrituras durante la misa solemne en San Pedro.
"Puede estar sobre el Monte del Señor 'quien tiene manos inocentes y corazón puro", dijo. "Manos inocentes son manos que no son usadas para actos de violencia. Son manos que no están sucias con la corrupción, con los sobornos"
Es puro, explicó, un corazón que no se mancha con la mentira y la hipocresía... que no se enajena con la ebriedad del placer", subrayó el pontífice. Al concluir la misa, Ratzinger saludó en varias idiomas a las diversas comunidades de jóvenes presentes en la plaza.
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