En medio de la reconfiguración del mercado energético global que provocó la guerra en Medio Oriente, Sudamérica comienza a ganar protagonismo como una alternativa clave de suministro. Un informe de la consultora Rystad Energy proyecta que la región podría sumar hasta 2,1 millones de barriles diarios de petróleo hacia 2035, un volumen que podría cambiar el equilibrio del mercado internacional y abrir oportunidades concretas para países como la Argentina.
La Argentina y la región tienen una oportunidad histórica como proveedor mundial de energía
Un informe proyecta que la región podría sumar hasta 2,1 millones de barriles diarios de petróleo hacia 2035. Ese volumen podría cambiar el equilibrio del mercado internacional.
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El informe de Rystad Energy deja en claro que Sudamérica tiene una oportunidad histórica para posicionarse como proveedor clave de petróleo en un mundo que busca diversificar su matriz energética.
El dato no es menor: en un contexto donde la seguridad energética volvió al centro de la escena tras la crisis en el estrecho de Ormuz, los grandes consumidores globales buscan diversificar proveedores y reducir su dependencia de zonas inestables. En ese escenario, América del Sur aparece como una de las pocas regiones con capacidad de expandir su producción en el mediano plazo.
Según el análisis, Brasil, Guyana y Surinam liderarían el crecimiento con la posibilidad de aportar cerca de un millón de barriles diarios adicionales en la próxima década. A eso se sumaría Venezuela, que podría incrementar su producción en unos 910.000 barriles diarios si logra avanzar con reformas internas y aliviar sanciones internacionales.
Pero el informe también deja una puerta abierta para la Argentina, que podría expandir su producción más rápido de lo previsto gracias al desarrollo de Vaca Muerta, uno de los reservorios no convencionales más importantes del mundo. En este sentido, la región no solo aporta volumen, sino también estabilidad política relativa y calidad geológica, dos factores clave en un mercado cada vez más volátil.
Un contexto global que empuja los precios y redefine estrategias
La proyección de crecimiento sudamericano está directamente vinculada al escenario internacional. La guerra en Medio Oriente y las tensiones en el Golfo Pérsico elevaron las estimaciones de precios del crudo para 2026, que pasaron de u$s60 a cerca de u$s89 por barril, según la misma consultora.
Este cambio de escenario tiene un doble efecto. Por un lado, encarece la energía a nivel global y presiona sobre la inflación en las principales economías. Por otro, mejora la rentabilidad de los proyectos petroleros, lo que incentiva inversiones en regiones emergentes como Sudamérica.
De hecho, el informe destaca que la crisis en Medio Oriente expuso la fragilidad de las cadenas de suministro concentradas en pocos puntos estratégicos, como el estrecho de Ormuz. Esta vulnerabilidad es la que impulsa a los países consumidores a buscar alternativas, y ahí es donde la región gana terreno.
Argentina y el potencial de Vaca Muerta
Para la Argentina, este nuevo escenario global representa una oportunidad estratégica, aunque no exenta de desafíos. El desarrollo de Vaca Muerta podría permitir no solo aumentar la producción de petróleo, sino también consolidar al país como exportador neto de energía en los próximos años.
El potencial es significativo. Con precios internacionales altos y demanda sostenida, el shale argentino podría acelerar inversiones y mejorar su competitividad frente a otros productores. Además, el crecimiento de la producción permitiría generar divisas, un factor clave para una economía históricamente condicionada por la escasez de dólares.
Sin embargo, el salto productivo no depende únicamente del contexto internacional. La infraestructura sigue siendo un cuello de botella, especialmente en materia de transporte y evacuación de crudo. También influyen factores macroeconómicos, regulatorios y de acceso al financiamiento, que pueden acelerar o frenar el desarrollo del sector.
Oportunidades y riesgos de un nuevo ciclo energético
El posible crecimiento de la producción petrolera en Sudamérica abre un escenario de oportunidades, pero también plantea interrogantes. Por un lado, la región podría convertirse en un actor clave del mercado energético global, captando inversiones y fortaleciendo sus economías.
Por otro, el avance del petróleo en un contexto de transición energética genera tensiones con los objetivos climáticos. La expansión de la producción podría retrasar la adopción de energías renovables si los precios del crudo se mantienen elevados y continúan incentivando los combustibles fósiles.
Además, la dependencia de precios internacionales volátiles implica riesgos. Un cambio brusco en el escenario geopolítico o una desaceleración de la economía global podría impactar rápidamente en la rentabilidad de los proyectos.
Una ventana que podría no durar para siempre
El informe de Rystad Energy deja en claro que Sudamérica tiene una oportunidad histórica para posicionarse como proveedor clave de petróleo en un mundo que busca diversificar su matriz energética. Sin embargo, también advierte que este escenario depende en gran medida de los precios del crudo y de la capacidad de los países para ejecutar proyectos de manera eficiente.
Para la Argentina, el desafío es aprovechar este momento sin repetir errores del pasado. La combinación de recursos naturales, demanda global y contexto geopolítico favorable ofrece una ventana de crecimiento que podría transformar el perfil energético del país.
La clave estará en cómo se gestionen las inversiones, la infraestructura y las reglas de juego. Porque, en un mercado global cada vez más competitivo, no alcanza con tener recursos: hace falta convertirlos en producción, exportaciones y desarrollo sostenido.
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