Los fieles que colmaron ayer la Plaza San Pedro fueron testigos de las penurias de Juan Pablo II. El Pontífice se esforzó por hablar, pero sólo logró articular un murmullo ininteligible. La imagen de un Papa debilitado acentuó los temores acerca de su salud.
En lugar de contemplar la esperada recuperación, los fieles notaron un empeoramiento de las condiciones generales de Juan Pablo II, que en mayo cumplirá 85 años, y
Su deseo de impartir la bendición pascual era conocido y muchos esperaban que el Papa hubiese recuperado energías suficientes como para articular en público algunas palabras. Es así que poco antes de las 12 hora local, recibido con un caluroso aplauso,
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