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24 de diciembre 2007 - 00:00

El Papa pidió paz y condenó la violencia y el terrorismo

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El papa Benedicto XVI pidió la paz para el mundo, de Darfur a Sri Lanka y "en particular por Irak, Líbano y Tierra Santa", y denunció "el terrorismo y la violencia" de los que son víctimas "los niños y las mujeres", en su tradicional mensaje "Urbi et Orbi" de Navidad.

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El mensaje "Urbi et Orbi" (a la ciudad y al mundo) del Papa se transmite en cerca de 60 países por unas cien cadenas de televisión y será seguido por los saludos de Benedicto XVI, de 80 años, quien los pronunciará en 63 lenguas.

"Que el Niño Jesús traiga consuelo a quien vive en la prueba e infunda a los responsables de los gobiernos sabiduría y fuerza para buscar y encontrar soluciones humanas, justas y estables", añadió el Papa, quien apareció fatigado y con ojeras luego de haber celebrado la misa de medianoche.

Pidió que "en este día de paz, pensemos sobre todo en donde resuena el fragor de las armas: en las martirizadas tierras del Dafur, de Somalia y del norte de la República Democrática del Congo, en las fronteras de Eritrea y Etiopía, en todo el Medio Oriente, en particular en Irak, Líbano y Tierra Santa, en Afganistán, en Pakistán y en Sri Lanka, en las regiones de los Balcanes, y en tantas otras situaciones de crisis, desgraciadamente olvidadas con frecuencia".

"Que la luz de Cristo, que viene a iluminar a todo ser humano, brille por fin y sea consuelo para cuantos viven en las tinieblas de la miseria, de la injusticia, de la guerra", dijo el sumo Pontífice.

Dijo además que la Navidad es un "acontecimiento histórico y misterio de amor, que desde hace más de dos mil años interpela a los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar. Es el día santo en el que brilla la gran luz".

Y añadió que "los pequeños, los pobres en espíritu: éstos son los protagonistas de la Navidad, tanto ayer como hoy; los protagonistas de siempre de la historia de Dios, los constructores incansables de su Reino de justicia, de amor y de paz".

El papa pidió también por "aquellos que ven negadas aún sus legítimas aspiraciones a una subsistencia más segura, a la salud, a la educación, a un trabajo estable, a una participación más plena en las responsabilidades civiles y políticas, libres de toda opresión y al resguardo de situaciones que ofenden la dignidad humana".

Reiteró su preocupación por "las víctimas de sangrientos conflictos armados, del terrorismo y de todo tipo de violencia, que causan sufrimientos inauditos a poblaciones enteras" y subrayó que a este respecto son "especialmente las categorías más vulnerables, los niños, las mujeres y los ancianos".

Mencionó "las tensiones étnicas, religiosas y políticas, la inestabilidad, la rivalidad, las contraposiciones, las injusticias y las discriminaciones que laceran el tejido interno de muchos países" y exasperan las relaciones internacionales".

Benedicto XVI aseveró que "en el mundo crece cada vez más el número de emigrantes, refugiados y deportados, también por causa de frecuentes calamidades naturales, como consecuencia a veces de preocupantes desequilibrios ambientales".

El Papa había expresado su preocupación por el medio ambiente en la misa de medianoche, cuando denunció "las condiciones en las que está hoy la Tierra, a causa de la utilización abusiva de los recursos y su explotación egoísta y sin precaución".

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