El papa Benedicto XVI concluyó una visita de tres días a Chipre pidiendo paz para Oriente Medio y un esfuerzo internacional "urgente" para evitar "tragedias mayores".
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Durante este viaje, el Papa también encarriló el sínodo sobre Oriente Medio programado para octubre con el propósito de buscar remedio a la delicada situación de los cristianos en esta región conflictiva.
"Reitero mi llamado personal en favor de un esfuerzo internacional, urgente y concertado, para resolver las tensiones actuales en Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa, antes de que tales conflictos nos conduzcan a tragedias mayores", dijo Benedicto XVI durante una gran misa en un centro deportivo de Nicosia.
La tensión en la región se ha incrementado con el asalto israelí a una flotilla humanitaria con ayuda para Gaza que causó nueve muertos el 31 de mayo.
El documento sinodal publicado esboza un panorama de la situación en la región y llama en particular a "cristianos, judíos y musulmanes" a "enfrentar juntos" la "amenaza" que constituyen las "corrientes extremistas" musulmanas.
El Papa califica el conflicto israelo-palestino de "fuente de inestabilidad" y considera que "la ocupación israelí de los territorios palestinos dificulta la vida cotidiana para la libertad de movimientos, la economía y la vida social y religiosa".
"Además, ciertos grupos fundamentalistas cristianos justifican mediante la Santa Escritura la injusticia política impuesta a los palestinos, lo que hace que la posición de los cristianos árabes sea aún más delicada", lamentó el texto en una referencia implícita a ciertos movimientos evangélicos.
También se refirió a las dificultades de los cristianos en la región que les empujan a emigrar, pero dijo que su desaparición constituiría una pérdida para este pluralismo que ha caracterizado siempre a los países de Medio Oriente.
Antes de entregar el documento a los miembros del consejo presinodal, el Papa afirmó que oraba para que los trabajos de esta asamblea ayuden a "centrar la atención de la comunidad internacional sobre la situación de los cristianos en Oriente Medio que sufren por su fe".
Recordó "las grandes pruebas" soportadas por esos cristianos y su "papel inestimable" y deseó que sus "derechos sean cada vez más respetados incluyendo el derecho a la libertad de culto y religiosa", y que no sufran nunca más discriminación.
Casi 7.500 personas estaban reunidas en el gimnasio y otras 4.000 seguían la celebración por dos grandes pantallas instaladas en el exterior, según los organizadores. Había delegaciones procedentes de países vecinos como Siria, Líbano o Jordania.
Pero también había detractores. Unas veinte personas enarbolaron pancartas en las que podía leerse que el Papa es "persona no grata".
El Papa partió de la isla a última hora de la tarde, tras haber pedido una solución para el problema de Chipre, dividido desde 1974 entre la República Turca del Norte de Chipre (RTCN, únicamente reconocida por Ankara), de mayoría musulmana, y la República de Chipre, al sur, mayoritariamente ortodoxa.
"Es seguro que la verdad y la reconciliación, vinculadas al respeto, son los cimientos más sólidos para el futuro unificado y pacificado de esta isla", dijo.
Un encuentro previsto el domingo entre el Papa y el líder de los musulmanes de Chipre Norte fue anulado porque, según el Vaticano, el mufti Yusuf Suicmez llegó muy tarde.
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