Ciudad del Vaticano (ANSA)- El Papa Benedicto XVI rechazó ayer el matrimonio entre homosexuales y exhortó a políticos y legisladores a salvaguardar los "derechos de la familia", declaraciones que desencadenaron reacciones diversas en Italia por el programa de gobierno de centroizquierda, que habla de uniones civiles.
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En un discurso a los miembros de la plenaria del Pontificio Consejo para la Familia, el Papa dijo que estas uniones civiles rechazan "las obligaciones del matrimonio, pretendiendo gozar de derechos equivalentes".
A veces, dijo, "se quiere llegar a una nueva definición del matrimonio para legalizar las uniones homosexuales".
Joseph Ratzinger dijo luego que "vastas áreas del mundo están sufriendo el llamado 'invierno demográfico', con el consecuente progresivo envejecimiento de la población". "Las familias parecen a veces preocupadas por el miedo por la vida, por la paternidad y la maternidad.
Es necesario darles nuevamente confianza, para que puedan seguir cumpliendo su noble misión de procrear en el amor", afirmó el pontífice.
Benedicto XVI alentó al dicasterio vaticano que se ocupa de la familia por haber participado en "varios encuentros continentales y nacionales" y porque "trata de dialogar con los que tienen responsabilidad política y legislativa al respecto", tejiendo "una vasta red de conversaciones con los obispos".
La familia fundada en el matrimonio convencional, subrayó el Papa, constituye un "patrimonio de la humanidad", una institución social fundamental; es la célula vital y el pilar de la sociedad y esto interesa a creyentes y no creyentes".
Por esto, agregó en su discurso, "es realidad que todos los estados deben tener la máxima consideración, porque como amaba repetir Juan Pablo II, el futuro de la humanidad pasa a través de la familia".
El ex presidente de la república y senador vitalicio, Francesco Cossiga (democristiano), sostuvo tras la condena del Papa a las uniones de hecho que se declara "partidario muy firme de la línea doctrinaria de la Iglesia en la materia".
No obstante, confirmó su decisión de votar la confianza al gobierno de Romano Prodi, vencedor de las elecciones de abril, en "cuyo programa está previsto el reconocimiento de los derechos de los que viven en uniones de hecho, prescindiendo de sus tendencias sexuales".
El ex fiscal estrella de "Manos limpias", Antonio Di Pietro, líder de Italia de los Valores, que integra la coalición de La Unión, lamentó que "la Iglesia persista en la intromisión de los asuntos del estado, cuando existe una ley, el concordato, firmado por ambas partes, que afirma que ésto no debe ocurrir".
Daniele Capezzone, secretario de los radicales y miembro de la dirección de la Rosa en el Puño (RNP, socia de la coalición de centroizquierda La Unión) respondió al Papa afirmando que "cada vez es más claro que Benedicto XVI está redactando un programa de gobierno y una agenda político-parlamentaria, estableciendo qué se puede hacer y qué no, en esta legislatura".
Por su parte, Clemente Mastella (Udeur, también aliado de La Unión) dijo: "no aceptaremos arreglos o interpretaciones equívocas ni pactos" sobre matrimonios entre homosexuales.
Franco Grillini, de los Demócratas de Izquierda (el más importante partido de La Unión), parlamentario y líder histórico del movimiento homosexual en Italia, expresó "gran amargura" y repudió la "enésima intromisión del pontífice en la política italiana". A su vez, el jefe del grupo parlamentario UDC (de la coalición conservadora Casa de las Libertades del premier saliente, Silvio Berlusconi), Luca Volonté, sostuvo que prosigue el "rito intolerante de arrastrar las palabras del Papa dentro de la situación italiana, cuando en realidad el pontífice habló a los políticos de todo el mundo".
El político democristiano lamentó lo que llamó "intolerancia" hacia Benedicto XVI y el "silencio" de Prodi.
Riccardo Pedrizzi, diputado de Alianza Nacional (de la Casa de las Libertades) declaró que el Papa "expresó la preocupación de la Iglesia por la llegada del centroizquierda, donde los católicos son puestos en un costado".
Hace dos días Ratzinger había reafirmado que la "diferencia sexual" de hombre y mujer "no es un simple dato biológico" sino que expresa la "forma del amor" destinada a la "comunión de personas abierta a la transmisión de la vida".
El pontífice invitó luego a evitar la "confusión" entre el matrimonio y otros tipos de unión basados en un amor débil", como el Pacto de Unión Civil, durante una audiencia a los participantes de un Congreso sobre la familia.
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