El Pentágono reconoció que el uso masivo de armamento durante la guerra con Irán provocó escasez en las reservas estratégicas de Estados Unidos, luego de destinar unos u$s22.300 millones únicamente a municiones entre fines de febrero y junio, según reveló un informe elaborado por el Inspector General del Departamento de Defensa.
El Pentágono admite escasez de municiones luego de gastar más de u$s22.000 millones en la guerra con Irán
Un informe oficial reveló que la ofensiva agotó parte de las reservas estratégicas y expuso problemas para reponer armamento estadounidense.
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Estados Unidos destinó unos u$s22.300 millones únicamente a municiones durante cuatro meses de operaciones contra Irán.
El documento calculó que la Operación Epic Fury tuvo un costo total cercano a los u$s33.400 millones entre el 28 de febrero y el 30 de junio. De esa cifra, aproximadamente dos tercios correspondieron al armamento utilizado durante las operaciones militares contra la República Islámica.
“Los gastos en municiones durante la Operación Furia Épica provocaron escasez en las reservas estratégicas y revelaron cuellos de botella dentro de las industrias de reabastecimiento de municiones”, señaló el informe, aunque destacó las medidas adoptadas por el Departamento de Defensa para acelerar la producción.
¿Qué dijo Trump sobre las reservas?
Las conclusiones contrastan con las declaraciones realizadas durante los últimos meses por Donald Trump, quien había rechazado públicamente las versiones sobre problemas en las reservas militares estadounidenses.
Cuando en junio surgieron informaciones que indicaban que Washington estaba racionando determinados misiles, especialmente los interceptores, el Gobierno negó esas versiones y Trump sostuvo que Estados Unidos poseía “enormes cantidades de municiones”. A comienzos de septiembre, volvió a afirmar que el país contaba con “cantidades prácticamente ilimitadas de municiones”.
Sin embargo, según informaciones de prensa, la falta de determinados proyectiles habría influido en la decisión del mandatario de evitar nuevos ataques a gran escala contra Teherán durante el verano boreal.
Los daños en las bases de EEUU
El informe también reveló el impacto que tuvieron los ataques de represalia lanzados por Irán y sus aliados. Pese al despliegue masivo de interceptores estadounidenses, las ofensivas dañaron o destruyeron cientos de edificios y estructuras en instalaciones militares ubicadas en Kuwait, Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Irak, Omán y Jordania.
Las pérdidas alcanzaron además a la flota aérea estadounidense. De acuerdo con el documento, cuatro cazas F-15 fueron destruidos y un F-35 resultó dañado, mientras que siete aviones cisterna KC-135 fueron dañados o destruidos.
A esas pérdidas se suman hasta 30 drones de ataque MQ-9 Reaper destruidos durante las operaciones. Los ataques de Irán y sus aliados también provocaron daños en edificios diplomáticos estadounidenses ubicados en Irak, Kuwait, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.
El Inspector General estimó además que más de 50.000 militares estadounidenses están involucrados en la Guerra del Golfo, iniciada el 28 de febrero con los ataques israelí-estadounidenses contra Irán. El balance expone así no solo el costo económico de la campaña, sino también la presión que el conflicto comenzó a ejercer sobre las reservas y la capacidad militar de Washington.





