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El periodista iraquí que el domingo arrojó sus zapatos al presidente George W. Bush se convirtió ayer en el tema número uno en Irak y el mundo árabe, considerado un héroe por miles pero descripto por el gobierno y por colegas como un bárbaro o alguien capaz de todo para llamar la atención.
Arrestado bajo cargos por los que podría ir preso, Muntadhar al-Zeidi, un chiita soltero de 28 años, fue una vez secuestrado por militantes y otra detenido por tropas de Estados Unidos, con lo que sufrió en carne propia golpes de los dos bandos de los que resienten todos los iraquíes, según dijo su familia.
Con el tiempo, el joven periodista terminó por odiar tanto la ocupación norteamericana como la influencia del vecino Irán, comulgando con la opinión de muchos compatriotas de que Teherán libra su propia guerra con Washington en Irak a través de su respaldo a milicias insurgentes chiitas, contaron sus hermanos.
El acto de desafío del al-Zeidi lo transformó de un relativamente desconocido presentador de TV en una figura de culto nacional para los muchos iraquíes hastiados de seis años de presencia militar estadounidense, pero también temerosos de que Irán reemplace a los norteamericanos cuando se vayan.
El canal para el que trabaja, al-Baghdadiya TV, pidió el lunes su liberación, y los mismo exigieron decenas de miles de personas que se manifestaron en barrios chiitas de Bagdad y en las sureñas ciudades chiitas de Basora y Nayaf, donde algunas personas arrojaron zapatos a un convoy militar estadounidense.
"Lo juro por Alá, es un héroe. Que Alá lo proteja", dijo su hermana, de apodo Umm Firas, mientras miraba una repetición del ataque de su hermano a Bush en la televisión satelital.
Reunidos en el departamento de al-Zeidi en el oeste de Bagdad -un pequeño dos ambientes decorado con un póster del Che Guevara-, Umm y sus tres hermanos manifestaron también asombro por su acción y temor por sus condiciones de detención, además de orgullo por haber expresado lo que sienten muchos iraquíes, dijeron.
"Estoy seguro que muchos iraquíes quieren hacer lo que Muntazer hizo. Muntazer decía que todos los huerfános cuyos padres eran muertos era por culpa de Bush", dijo su hermano, Udai.
La familia insistió a la cadena de noticias CNN que el acto de al-Zaidi fue espontáneo, quizás explicable por su contacto tan íntimo con la dura realidad política sobre la cual informaba, sumado a sus propios encontronazos con la violencia y la amenaza de muerte que enfrentan a diario millones de iraquíes.
Al-Zeidi entró en al-Baghdadiya TV en septiembre de 2005. Dos años más tarde fue secuestrado por milicianos armados mientras trabajaba en un barrio sunnita del norte de Bagdad.
Fue liberado ileso tres días después luego de que las televisión iraquí emitió pedidos de liberación. El periodista dijo no saber quiénes habían sido sus captores, y su familia afirmó que no pagó rescate.
En enero pasado fue apresado otra vez, esta por tropas estadounidenses que registraron su departamento, dijo su hermano Dhirgham. Fue liberado al día siguiente con una disculpa. "Odia la ocupación material estadounidense tanto como odia la ocupación moral iraní", dijo Dhirgham.
"En cuanto a Irán, considera al régimen el reverso de la moneda estadounidense", agregó su hermano.
Al Zeidi alcanzó a gritar "este es un beso de despedida del pueblo iraquí, perro", antes de arrojar un primero zapato a Bush cuando este ofrecía una conferencia de prensa con el primer minstro iraquí en su último viaje a Irak antes de dejar su cargo.
Bush esquivó el primer zapatazo y después vino un segundo, que también erró el blanco y pegó en la pared de atrás. El hombre quedó sepultado bajo una pila de guardias de seguridad.
El gobierno iraquí dijo que el periodista cometió un acto "barbárico e ignominioso" no acorde a su rol profesional y exigió una disculpa de su canal de televisión.
"Según el código penal iraquí, si se reconoce la premeditación del acto, Muntazer al-Zaidi podría ser condenado incluso a 7 años de cárcel", explicó el abogado penalista Tariq Harb.
La cadena al-Baghdadiya emitió horas de música patriótica, con la cara de al-Zeidi ocupando toda la pantalla. Un presentador leyó una proclama para pedir su liberación "de acuerdo a la era de democracia y libertad de expresión que se las autoridades estadounidenses les prometieron a los iraquíes".
El Sindicato de Periodistas de Irak dijo que la conducta de al-Zeidi "distó mucho de ser profesional" y que su irresponsabilidad lo había puesto en una situación "vergonzosa y crítica", aunque pidió su liberación por razones humanitarias.
Un colega dijo que al-Zaidi pudo haber actuado motivado por su personalidad jactanciosa, por querer hacerse notar a toda costa.
"Era muy vanidoso, arrogante y siempre mostrándose. Sacaba temas ára mostrar que nadie era tan inteligente como él", dijo Zanko Ahmed, un periodista kurdo que hizo un curso de periodismo con al-Zeidi en el Líbano.
"Lamentablemente, no aprendió nada del curso en el Líbano, donde se nos enseñó ética periodística y cómo ser distante y neutral", agregó.
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