Pedra Azul, Brasil (AFP) -En el modesto hogar de Maria Milza, la garrafa de gas está vacía desde hace varios días, y es con el fuego de algunas maderas que prepara los porotos negros. Pero para esta madre de familia, si la olla está llena es gracias al programa Bolsa Familia del gobierno brasileño.
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«¡Es gracias a Lula! Tengo derecho al máximo: 95 reales (43 dólares por mes) ya que tengo tres niños en la escuela», señala Maria, de 36 años.
«Comemos fideos, arroz y porotos, rara vez carne, pero ahora comemos lo que precisamos», agregó al mostrar su tarjeta del programa.
Maria es analfabeta y solía trabajar como doméstica, pero ganaba «incluso menos de la mitad de un salario mínimo (unos 160 dólares)». Hoy, Maria completa la ayuda gubernamental lavando ropa en Pedra Azul, un pueblo pobre del estado de Minas Gerais (sudeste).
Cuenta como «lloró» mientras seguía la historia de Lula por la televisión, un niño que salió de la miseria del Nordeste para convertirse en presidente: «Sólo alguien que haya vivido eso puede comprendernos».
Sus vecinos se vieron menos favorecidos: Marcolino Silva, desempleado de 47 años, y su esposa reciben 50 reales (22 dólares). No entran en la máxima categoría ya que no envían a sus tres niños a la escuela.
En Pedra Azul, más de 40% de sus 25.000 habitantes se benefician del programa Bolsa Familia. La pequeña ciudad está ubicada en el valle de Jequitinhonha, conocido como «el valle de la miseria».
Fue allí que al comienzo de su mandato, en enero de 2003, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva lanzó su programa «Hambre Cero.
Este programa alimentario fue un fracaso y debió ser reemplazado progresivamente por Bolsa Familia, un sistema de asistencia del cual se benefician actualmente más de once millones de familias en todo el país, unos 50 millones de personas.
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