El Tribunal avala la acusación de la ultraderecha y Garzón negó haber quebrado la Ley de Amnistía
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El juez español Baltazar Garzón en el banquillo de los acusados.
Garzón también citó como antecedente su persecución al exdictador chileno Augusto Pinochet, quien fue detenido en Londres en octubre de 1998 en virtud de una orden emitida por él, aunque finalmente la Justicia británica decidió no extraditarlo a España.
Antes de hacer sus declaraciones, Garzón había rechazado contestar las preguntas de la acusación, al considerar que ésta "no está legitimada" para ejercer la acusación, que pide para el juez 20 años de inhabilitación. En caso de ser condenado, esta pena implicaría el fin de la carrera judicial de Garzón.
En la apertura de la sesión, la defensa de Garzón había solicitado nuevamente la anulación del juicio, demanda compartida por la fiscalía pero rechazada por el tribunal, que consideró válido el escrito de acusación presentado por el pseudosindicato Manos Limpias y la asociación Libertad e Identidad.
La defensa alega que la acusación popular no es suficiente para sostener una causa si la Fiscalía no presenta acusación alguna. Además, acusa al juez instructor de la causa, Luciano Varela, de haber orientado a Manos Limpias a corregir los errores de su escrito de acusación para que pudiese ser aceptado como legalmente válido.
Delante de la sede del Tribunal se habían congregado nuevamente decenas de simpatizantes de Garzón, que corearon consignas de repudio a las organizaciones acusatorias, calificándolas de "fascistas", al tiempo que gritaron lemas de apoyo al juez como "Garzón, amigo, el pueblo está contigo" y "Tribunal Supremo, vergüenza nacional".
Garzón también está sometido a otro juicio por prevaricación, acusado de haber violado el derecho de la defensa al haber ordenado la intervención de conversaciones en prisión entre los presuntos cabecillas de una vasta trama de corrupción y sus abogados.



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