El comienzo del juicio a Saddam Hussein marcará hoy el éxito más palpable de la transición de Irak hacia la democracia. El proceso político que siguió a su caída hace más de dos años y medio estuvo marcado por una violencia terrorista extrema y por procesos electorales complejos, lo que abrió brechas en la coalición internacional liderada por los EE.UU. y redujo los índices de aprobación domésticos de George W. Bush. Aunque el juicio, que podría llevar al ex dictador y a siete de sus principales lugartenientes a sendas condenas a muerte, tratará específicamente sobre una matanza de 143 chiitas en 1982, será sentido como una reivindicación por la legión de víctimas de su atroz régimen.
Saddam Hussein en una de las últimas apariciones públicas, cuando declaró el 23 de agosto ante la Justicia. Hoy comenzará el esperado juicio en su contra.
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Decenas de puestos de control del Ministerio de Interior y del ejército iraquí fueron instalados en las calles de Bagdad, en especial en las inmediaciones del Tribunal Especial encargado del proceso, en el oeste de la capital.
Además de Saddam, siete de sus lugartenientes, incluido el ex vicepresidente Esas 143 personas fueron asesinadas por la temida Seguridad del Estado, mientras que otras cientas fueron forzadas a exiliarse en zonas desérticas de Irak. Se trata del único crimen por el que será juzgado, ya que la acusación prefirió sustanciar cabalmente una causa que amerite su condena, aunque pesan sobre Saddam otros graves cargos (ver aparte).
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