Hugo Chávez ayer, en Caracas, ante cientos de miles de seguidores. Dijo a la oposición que "se arrepentirá" si provoca hechos de violencia para frenar su polémica reforma constitucional.
Caracas (EFE, AFP, Reuters, ANSA) -Cientos de miles de venezolanos marcharon ayer por Caracas en apoyo a la controvertida reforma constitucional impulsada por el presidente Hugo Chávez, quien una vez más se declaró en batalla de cara al referendo en diciembre para aprobar las modificaciones que mantienen polarizado al país.
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Vestidos en su mayoría con remeras y gorras rojas -color característico de la revolución que promueve el presidente -con globos, banderas nacionales y gritando consignas, el oficialismo movilizará su clientela política y arrancó la « batalla por el sí», dos días después de que el Parlamento sancionara la amplia modificación a la carta magna de 1999.
Chávez, quien cerró el acto del inicio de la campaña electoral con un discurso en una avenida del centro de Caracas, llamó a sus seguidores a batallar para coronar el triunfo y aconsejó a sus enemigos políticos no tomar la vía de la violencia porque, les advirtió, se arrepentirán.
No obstante, el gobernante con más de ocho años en el poder admitió que uno de los enemigos que se debe vencer en los días que restan hasta la consulta popular del 2 de diciembre sobre la reforma es la abstención.
«Aquí estamos otra vez empezando otra gran batalla. El camino de una revolución es el camino de las mil batallas. Otra batalla para obtener otra gran victoria. Claro tendremos que fajarnos (esforzarnos) de nuevo», dijo en su discurso.
Pidió a sus alcaldes, gobernadores y a su ministro de Interior, Pedro Carreño, que analicen si darán nuevos permisos para las marchas convocadas por la oposición, argumentando que «están buscando muertos» y que en una manifestación de estudiantes hace pocos días se hicieron destrozos y quemaron árboles.
«Este gobierno no puede ser tan débil», dijo. «No lo vamos a permitir, hijitos de papá, ricachoncitos de cuna de oro, que vengan aquí a destrozarnos las calles de Caracas», dijo Chávez.
Costumbre
Como se ha vuelto casi una costumbre cada vez que se aproximan eventos electorales, el oficialismo comenzó a decir que hay sectores de la oposición que están fraguando planes para desestabilizar al país y hasta repetir un derrocamiento del presidente, como ocurrió en 2002.
El canal de noticias «Globovisión», visto por el gobierno como opositor y «fascista», difundió imágenes de cientos de colectivos estacionados en diferentes partes de la capital, en los que fueron llevados a Caracas muchos manifestantes.
Sectores empresariales, de estudiantes, organizaciones de derechos humanos y la jerarquía de la Iglesia Católica del país han criticado la reforma argumentando que la amplia concentración de poder en manos del presidente llevará hacia un modelo autoritario.
Algunos sectores de la oposición sostienen que la reforma debió hacerse a través de una Asamblea Constituyente ya que modifica principios fundamentales de la actual carta magna. Aunque Chávez presentó una propuesta de reforma de 33 artículos, o alrededor de 10% del articulado de la ley fundamental, una comisión mixta de la Asamblea Nacional -dominada por sus seguidores -agregó cambios que llevaron a una modificación de 69 artículos.
Reelección
Entre las modificaciones se incluye la eliminación de los límites a la reelección del presidente; reducción de la jornada laboral de ocho a seis horas por día; el manejo discrecional de las reservas por Chávez; la reducción de la edad para votar de 18 a 16 años; cambios en los conceptos de la propiedad y la supresión de la autonomía del Banco Central.
El sábado, decenas de miles de personas marcharon por la capital venezolana para manifestar su rechazo a la reforma y anunciaron que convocarán a más actos antes del referendo.
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