El primer ministro británico Gordon Brown trató de hacer olvidar su gran patinazo electoral sacando los galones de gestor de la crisis en el tercer y definitivo debate, pero los sondeos dieron ganador a su rival conservador David Cameron a una semana de la cita.
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Los dos sondeos inmediatos divulgados tras el debate dieron por primera vez claro ganador virtual a Cameron, por delante del líder liberal demócrata Nick Clegg, que con sus actuaciones en los dos anteriores revolucionó el tradicional del bipartidismo británico.
La tercera posición es un nuevo revés para el primer ministro, que se jugaba su última carta en esta discusión centrada en la economía, su tema predilecto, sobre todo al día siguiente de que un micrófono indiscreto captara su despectivo comentario sobre una pensionista a la que llamó "sectaria".
"Hay mucho que hacer en este trabajo. Como vieron ayer, no lo hago todo bien", dijo el líder laborista tratando de cerrar de entrada la saga de la metedura de pata en esta discusión organizada en la Universidad de Birmingham (centro de Inglaterra).
"Pero sé cómo dirigir la economía en los buenos tiempos y en los malos (...) Y como resultado, la economía británica está en el camino de la recuperación", agregó el primer ministro, que aspira a ser elegido por primera vez para el cargo que heredó en 2007 de Tony Blair tras haber sido durante 10 años su ministro de Finanzas.
Pero Cameron, que encabeza las encuestas de intención de voto sin la mayoría necesaria para gobernar, respondió a los ataques de su rival argumentando que la "economía está estancada" y los británicos "necesitan un cambio para ponerla en movimiento".
La discusión económica fue un mano a mano entre Brown y Cameron, en el que el primero afirmaba que el plan conservador para recortar el gasto público pondría en riesgo una recuperación todavía frágil (el PIB creció de sólo 0,2% en el primer trimestre), y el segundo acusaba al gobierno de "despilfarro" y de querer "gravar los empleos".
Pero el conservador, que compite en frescura y telegenia con Clegg, no desaprovechó la primera ocasión que tuvo para asestarle un golpe al liberal demócrata, que defiende un eventual ingreso de Gran Bretaña en la Eurozona en el futuro, recordando a los euroescépticos británicos que si su país hubiera adoptado el euro sus impuestos servirían ahora para "rescatar a Grecia".
Como desde comenzó la campaña, los telespectadores no obtuvieron muchos detalles sobre las medidas concretas que tomarán los partidos para recortar un déficit público que ronda los 163.000 millones de libras (190.000 M de euros, 250.000 M de dólares), cerca del 12% del Producto Interior Bruto (PIB), contra 3% antes de la crisis.
El debate se animó otra vez con el tema de la inmigración, actualmente el segundo de mayor interés para los británicos, y tanto Cameron como Brown le acusaron de planear una "amnistía" para los inmigrantes indocumentados.
"No tiene ningún sentido. Creo que es un completo error que haría que la mala situación que hemos tenido durante 13 años de laborismo fuera aún peor", arremetió el conservador que al igual que sus rivales pareció sentirse más cómodo con este ejercicio que antes de este año no tenía precedentes en la historia del reino Unido.
Cameron fue declarado claro ganador por 41% de los 1.151 televidentes interrogados por el instituto YouGov para el diario The Sun, contra 32% que se inclinaron por Clegg y 25% por Brown. Otro sondeo, realizado por ComRes para la cadena IVW también les dio 35%, 33% y 26% de los votos respectivamente.
"Salvo que haya otro terremoto, David Cameron está camino de Downing Street", estimó el analista del diario de izquierda The Guardian, Jonathan Freedland, para quien Brown tuvo una actuación "sólida, pero la mayoría del tiempo habló un lenguaje tecnocrático que los británicos simplemente no hablan".
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