Cientos de miles de trabajadores movilizados por los sindicatos franceses desafiaron ayer en las calles al gobierno de Dominique de Villepin. Las rígidas normas laborales impiden reducir el desempleo.
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Más allá de la guerra de cifras, las movilizaciones provocaron problemas en los transportes públicos, las escuelas y otros servicios, como Correos y las empresas estatales de luz y gas.
El tráfico aéreo no se vio afectado en los vuelos de largo recorrido, pero unos 400 de los otros fueron anulados y los que despegaron lo hicieron con retrasos de hasta una hora y 40 minutos de media en el aeródromo parisiense de Orly y de media hora en el de Roissy-Charles de Gaulle.
Aproximadamente la mitad de los profesores no acudió a las escuelas, y Correos registró un seguimiento de entre 30% -según los sindicatos- y 15% calculado por la dirección. Villepin aseguró haber escuchado el mensaje de los manifestantes y se mostró comprensivo con su «impaciencia y desánimo», aunque insistió en aplicar su política de reformas porque, según dijo, está destinada precisamente a crear empleo y a aumentar el poder adquisitivo. El premier busca dinamizar la creación de empleo mediante una modernización de las rígidas normas laborales francesas, que impiden al país competir de igual a igual con sus socios europeos.
La de ayer fue la séptima gran jornada de movilización sindical desde que en 2002 los conservadores gobiernan en Francia, aunque la primera desde que el actual Ejecutivo está al mando del país.
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