Hubo que esperar hasta el quinto día posterior a los brutales atentados en Londres para que la policía local lograra avances importantes en su investigación. El temor que provocaba la idea de que los terroristas hayan sido suicidas y, para peor, de nacionalidad británica, tomó cuerpo finalmente. Las autoridades identificaron a cuatro atacantes, una dolorosa constatación de que el enemigo se estuvo incubando dentro del país durante largo tiempo y que resultará difícil desenmascararlo en toda su amplitud. Aunque Scotland Yard no lo confirmó aún, la prensa anticipó que esos atacantes -todos islamistas de origen paquistaní- se inmolaron en los ataques, lo que da la idea de un extremismo dispuesto a todo y capaz de atacar en cualquier lugar. Esta era la peor pesadilla del gobierno de Tony Blair, que teme que se vuelva a replicar en las principales ciudades británicas un fenómeno difícil de manejar que se creía confinado a Medio Oriente, el Cáucaso o a países como Pakistán o Afganistán. Esos descubrimientos llevaron ayer a la policía a zonas de Inglaterra con gran población musulmana, donde se realizaron allanamientos, se encontraron explosivos y se detuvo a una persona.
Tony Blair firmó ayer el libro de condolencias abierto para las víctimas de los atentados del 7 de julio. La identificación de los cuerpos es lenta y penosa.
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Los otros dos atacantes que el diario no identifica tienen el mismo origen.
En una conferencia de prensa, Los trenes atacados pasaron por King's Cross, una de las estaciones más grandes de la capital, de donde también procedía el ómnibus. Además,
«Pertenencias y documentos personales de los restantes tres sospechosos fueron halladas en los lugares de las explosiones», agregó el funcionario. Se cree, también, que el atacante del autobús murió en la explosión, aunque
«Estamos tratando de establecer sus movimientos preliminares al ataque de la semana pasada y específicamente determinar si todos murieron en las explosiones», dijo Clarke.
Además de las pericias en el lugar del hecho, unos 1.600 efectivos de la policía continuaban ayer analizando unas 2.500 cintas de cámaras de seguridad, para tratar de hallar a los autores de los ataques terroristas.
Por otra parte, los forenses y peritos británicos prosiguen la difícil y complicada labor de identificar los cuerpos. La lentitud de las tareas sigue provocando fuertes críticas de familiares de las víctimas.
La posibilidad de que los terroristas suicidas sean británicos
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