La Paz (EFE, AFP, ANSA) -El presidente boliviano, Evo Morales, retomó el tono antiestadounidense de la campaña electoral y criticó al Pentágono por presuntamente «chantajear» a Bolivia, al suspender una parte de la ayuda militar al país luego de que su gobierno rechazó un pedido de relevo del comandante en jefe de las fuerzas armadas.
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La queja del mandatario fue expresada públicamente en el acto de aniversario de la creación de la ciudad de El Alto, urbe bulliciosa que fraguó las mayores protestas de la población local contra los partidos políticos tradicionales, desde 2003, hasta conseguir el adelantamiento de los comicios presidenciales.
Morales leyó una parte de la carta que recibió del jefe de la Misión Militar de los Estados Unidos en Bolivia, Daniel Barreto, quien le comunicó la decisión de Washington de quitar la asistencia a la Fuerza Antiterrorista Conjunta bolivianoestadounidense, la semana pasada. Según el presidente, la decisión de Washington se debe a que Morales «no aceptó el veto o el cambio de un comandante» en las fuerzas armadas bolivianas, lo que conllevó ese «chantaje de un grupo de las fuerzas armadas de Estados Unidos», según señaló.
En su discurso, Morales dijo que dio a conocer la carta porque que «todos estamos en la obligación de informarnos sobre esta clase de chantajes, amedrentamientos e intimidaciones» contra el país. La decisión del gobierno estadounidense implica la suspensión de becas a militares bolivianos para ejercicios de entrenamiento y el replieguedel equipo dado a la unidadmilitar cuestionada, segúnfuentes gubernamentales. El gobernante boliviano afirmó que no le asusta que le retiren ayudas por 70.000 o 200.000 dólares, «porque son migajas y son recursos solamente para controlar a Bolivia».
• Compromiso
«El alto mando militar está comprometido para garantizar la Asamblea Constituyente y la nacionalización de los recursos naturales», dijo en alusión a las dos reformas estructurales que promueve su administración. Morales promulgó horas después las leyes de Convocatoria a la Asamblea Constituyente y de celebración del Referéndum Autonómico, herramientas claves para la gobernabilidad del mandatario indígena.
En este contexto, el vicepresidente Alvaro García Linera ratificó la intención de reestatizar 51% de las diez empresas privatizadas parcialmente entre 1995 y 1997. El Plan Nacional de Desarrollo se propone «un nuevo modelo económico que deje atrás 20 años de derrota histórica basada en el régimen neoliberal», señaló García Linera. El Estado boliviano asumiría la parte de las empresas capitalizadas que corresponde a las Administradoras de Fondo de Pensión (AFP) es decir, 47,5%, 2,5% de lo que pertenece a los trabajadores y al menos 1% que está en mano de las empresas multinacionales. Con este 51%, el gobierno de Morales quedará al mando de firmas como En-Tel (de Telecom Italia) y la petrolera Andina (de la hispana Repsol YPF).
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