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Los aficionados al ajedrez y la gran mayoría de sus compatriotas estadounidenses, que durante la Guerra Fría lo consideraron un héroe nacional, Informate más
Las Torres Gemelas de Nueva York acababan de ser tumbadas en el mayor atentado terrorista de la historia el 11 de setiembre de 2001 cuando alguien que decía llamarse Bobby Fischer llamó a la modesta emisora filipina radio «Bombo» para dar su opinión sobre lo ocurrido:
Nada de lo que le ha ocurrido al Gran Maestro podría entenderse sin dar marcha atrás en el tiempo, hasta un día de mayo de 1949, en que recibió como regalo un tablero de ajedrez en su Chicago natal. La obsesión del pequeño Bobby por descifrar aquel juego lo llevó a incomunicarse del mundo, y su madre, preocupada por su carácter antisocial, puso un anuncio en el diario local «Brooklyn Eagle» preguntando por niños de su edad que tuvieran la misma afición. «No se interesaba por nadie que no supiera jugar al ajedrez, y no había muchos niños a quienes les gustara el juego por entonces», aseguró años después Regina Wender de su hijo.
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