2 de diciembre 2008 - 00:00

Fuego amigo

Hillary Clinton fue confirmada ayer como la canciller de Barack Obama. Desde enero próximo manejará como secretaria de Estado la política exterior de los Estados Unidos, una noticia que saluda el gobierno argentino, porque entiende que tendrá en esa posición a una amiga. El gobierno ha hecho esfuerzos para acercarse a los Clinton, matrimonio del cual admira no sólo las ideas, sino también el método. El nubarrón puede venir con el staff de Hillary, que encabeza la secretaria de Estado de su marido, Madeleine Albright. Tiene opinión formada sobre el gobierno argentino: es crítica del manejo del INDEC, de la falta de seguridad jurídica para atraer inversores, la exagerada cercanía respecto de Hugo Chávez en lugar de Lula. Para colmo, ha exaltado la relación que mantuvieron la Argentina y los Estados Unidos en la década de los años 90.

Madeleine Albright
Madeleine Albright
El gobierno argentino siguió las extenuantes primarias presidenciales del Partido Demócrata con la convicción de que sería Hillary Clinton quien las ganaría y que, habida cuenta del desprestigio sin remedio de George W. Bush, su tránsito a la Casa Blanca estaba prácticamente allanado. En honor a la verdad hay que decir que compartía esa convicción con la gran mayoría de los especialistas internacionales, a quienes sorprendió la fuerza irresistible del fenómeno Obama.

En ese clima, no sorprende que los contactos del gobierno nacional se hayan concentrado en esa época en el entorno de la ex primera dama, ignorando prácticamente al senador negro. Encuentros entre Hillary y Cristina de Kirchner generaron incluso una sensación de sintonía personal que fue exagerada por algunos observadores en virtud de que ambas eran -obviamente- mujeres, senadoras (antes del triunfo electoral de la argentina en octubre de 2007) y ex primeras damas. Esas exageraciones impedían entonces ver que desde el entorno más íntimo de Hillary se hacían muchos cargos al gobierno de Néstor Kirchner, lo que presagiaba conflictos en el caso de que ambas terminaran convirtiéndose en presidentes. Eso no ocurrió, ya que Hillary quedó en el camino.

Pero su llegada al gabinete de Barack Obama como jefa de la diplomacia norteamericana actualiza la necesidad de repasar aquellas viejas desconfianzas.

  • Tensión

  • Dicha tensión quedó reflejada en una entrevista que Ambito Financiero le realizó a Madeleine Albright, publicada el 5 de noviembre del año pasado. La ex secretaria de Estado de Bill Clinton actuaba como principal asesora de política internacional de la entonces precandidata demócrata. Con la sucesión ya definida en nuestro país, Albright «le marcó la cancha» a Cristina, quien acababa de ganar las elecciones. Así, se refirió a un clima de negocios negativo, al escándalo del INDEC, a la corrupción y, sobre todo, a las relaciones con Hugo Chávez. Esto era lo que decía en la entrevista:

  • Consultada sobre los riesgos que suponía la Argentina para un inversor extranjero, Albright señaló que «la gente está obviamente muy preocupada por algunos temas. Uno es la inflación. Otro son los índices, algo que en realidad es un tema en todos lados. Por último, está preocupada por la corrupción y espera que haya reglas justas para obtener resultados de sus inversiones. Diría que, en general, a lo que se aspira es a contar con un clima de inversión, a conocer cuáles son las regulaciones».

  • Tras ponderar la política de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil en relación con la desconfianza que había sobre nuestro país, añadió que «lo que a los inversores no les gusta es el cambio de la reglas de juego. Necesitan un ambiente que sea justo, que no sea corrupto, que no haya cambios de la noche a la mañana, con estadísticas probadas».

  • Uno de los temas a los que Albright se refirió más directamente en la entrevista fue a la intervención del INDEC, señalando que «la gente todavía no sabe qué va a pasar. Siempre está la expectativa de que un gobierno nuevo tenga un enfoque diferente. Pero eso se verá en los hechos».

  • Consultada sobre si Néstor Kirchner era o no independiente de Chávez, respondió que se guiaba por lo que opinaban los diarios, «que dicen que hay una gran dependencia, aunque a mí me es muy difícil asegurarlo. Igualmente, no se trata de que la Argentina no esté actuando de manera independiente de Venezuela, sino de que muchos de nosotros en los Estados Unidos no entendemos del todo qué es lo que está pasando exactamente, qué relaciones tiene Chávez con los países de la región».

  • Por último, se refirió con nostalgia los años 90, los del menemismo y las «relaciones carnales», eje de las furias de los Kirchner. «Durante nuestra gestión declaramos a la Argentina país aliado extra OTAN, lo que indicaba un nivel muy elevado de las relaciones», recordó.

    De más está decir que muchos de los temas que repasó Albright (entonces casi una vocera de Hillary) como condiciones para una mejora de las relaciones con Estados Unidos siguen pendientes de resolución. Habrá que ver hasta qué punto estarán dispuestos a tensar la cuerda su jefa política, Hillary Clinton, y, sobre todo, el jefe de ésta, Barack Obama.

    Por lo pronto, la administración demócrata que asumirá el 20 de enero sí coincidirá con la Argentina en un punto: la desconfianza hacia el libre comercio. Tanto Obama como Hillary propusieron en sus campañas que Estados Unidos renegociara el Tratado de Libre Comercio con Canadá y México (NAFTA), de modo de reparar las asimetrías que, entendían, éste introdujo en beneficio del miembro más débil de esa sociedad. Por otro lado, el colombiano Alvaro Uribe aún espera un indicio claro de que Washington le pagará con la aprobación del TLC en el Congreso la fiel amistad de los últimos años, algo de lo que no hay precisamente garantías dado el fuerte control demócrata sobre ambas cámaras.

    Cambia una época y, acaso, un modo de hacer política exterior en Estados Unidos. Pero puede que la percepción que impera allí sobre nuestro país siga siendo más o menos la conocida.
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