Chávez se impuso ayer con holgura en la elección presidencial venezolana, con 61% de los votos contra 38% de Manuel Rosales. Se apoyó en el fuerte populismo que desplegó en los ocho años que lleva en el poder y se espera ahora que dé una peligrosa vuelta de tuerca a su modelo, para lo que formará una milicia popular de 2 millones de miembros. Así lo explica el enviado de Ambito Financiero a Caracas.
Caracas - En 2000, Hugo Chávez redactó su Proyecto Bolívar, biblia política en la que fijó en 20 años el tiempo necesario para modificar de modo «integral» la sociedad venezolana, es decir «aggiornarla» según lo que el bolivariano llama « socialismo del siglo XXI». Esa guía de la revolución chavista -que se alteró parcialmente con el golpe de abril de 2002 y el referendo de 2004- contiene dos conceptos, uno explícito y el otro subyacente: el primero se refiere a la instauración de un modelo cívicomilitar; el segundo, a la posdemocracia.
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Una y otra vez, Chávez definió sus primeros ocho años en el poder como un período «de transición». Anoche, con una amplia victoria en el 3-D, el presidente venezolano allanaba su sendero para profundizar el modelo actual o ensayar uno nuevo, más extremo que el que instrumentó hasta ahora.
«Chávez se encamina a fundar una sociedad cívicomilitar, que tendrá como representación una gigantesca milicia de 2 millones de personas», evaluó ante Ambito Financiero Alberto Garrido, analista pro chavista al que, mordaces, los opositores bautizaron el «chavólogo oficial». Ese paso está en marcha: días atrás, la Asamblea Nacional votó una partida presupuestaria especial para comprar armas para ese «ejército popular» que Norberto Hernández, dirigente del Partido Comunista Venezolano (PCV) y vicepresidente del Congreso, prefiere mencionar como «cuerpo de reservistas».
Es una emulación del modelocubano, pero Chávez tomó la matriz de un argentino: el críptico Norberto Ceresole, erpiano -partió el ERP- que pasó por Montoneros, asesoró al dictador Roberto Viola y terminó sus días como operadorde los carapintadas, al lado de Aldo Rico. Chávez lo conoció en 1994, en un viaje a la Argentina que realizó luego de ser liberado de la prisión -donde terminó por el golpe de 1992 contra Carlos Andrés Pérez-. Fascinado, el venezolano «adoptó» a Ceresole como uno de sus «maestros», según detalla Garrido. El romance político duró hasta 1999, cuando Chávez accedió al poder y Ceresole -que siempre transitó el peronismo, desde un perfil de derecha-, locuaz y provocador, se volvió un actor inmanejable. Antes, el argentino había sido deportado de Venezuela acusado de «golpista».
El fenómeno de las « milicias» es la coronación de la integración entre civiles y militares. Para Chávez, esa mixtura asoma como una alternativa para tratar de encarrilar dos factores críticos:
Un debate intestino en el gobierno bolivariano entre dos sectores antagónicos, que algunos simplifican así: entre «civiles» y «militares» o entre «chavismo de izquierda» y «chavismo de derecha». Javier Conde, del periódico «Tal Cual», prefiere hablar con saña de «estalinistas» y « fascistas».
En paralelo, abundan las tensiones en el amplio bloque político que se alinea detrás de Chávez, que imagina para su próxima administración lograr unir a esas fracciones detrás de un «partido único», que no sea su MVR ni cualquiera de los existentes, sino uno nuevo -al menos en cuanto al nombre- que se convierta en el partido de la revolución bolivariana. El triunfo de ayer, con una diferencia clara frente a la oposición articulada, alienta el avance hacia la posdemocracia, que supone la absoluta transferencia -por intermedio del voto- del poder de determinación de un pueblo a su líder o, como cita Ceresole, a su «caudillo».
Claro que la estrategia bailaal ritmo del precio del crudo, elixir que sostiene la « revolución». Por caso, en lo que va de 2006, PDVSA destinó unos 2 mil millones de dólares -sobre un total de 7 mil millones- a financiar las misiones bolivarianas, pilar del atractivo electoral del chavismo.
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