La canciller alemana, Angela Merkel, se mostró exultante ante la prensa en compañía del
presidente de EE.UU., George W. Bush. La presión europea le «arrancó» al norteamericano
un inesperado compromiso para frenar el cambio climático.
Heiligendamm (EFE, Reuters, AFP) - Los líderes europeos del G-8, apoyados por Japón y Canadá, arrancaron ayer a Estados Unidos inesperadamente un decisivo compromiso que permitirá abrir un proceso global en la lucha contra el cambio climático bajo los auspicios de las Naciones Unidas.
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Fue la propia canciller alemana y presidenta de turno del G-8, Angela Merkel, la que sorprendió al presentar personalmente el acuerdo en una conferencia de prensa que, en principio, debía haber ofrecido un portavoz de su oficina.
Con visible satisfacción, Merkel anunció que se había logrado elaborar un documento sobre el clima en el que se recogen « explícitamente» los objetivos de reducir en 50% las emisiones de gases de efecto invernadero hasta el año 2050 y en el que se estipula que este proceso deberá producirse bajo el paraguas de la ONU.
Concretamente, en la declaración redactada al respecto los «ocho grandes» subrayan que «toman seriamente en consideración» el informe del grupo de expertos de la ONU sobre el cambio climático, el llamado IPPC, en el que se recomienda reducir las emisiones de gases con efecto invernadero en «por lo menos» 50% hasta 2050 con respecto a los niveles de 1990.
«Hemos allanado el camino para que en la reunión de Bali los ministros de medio ambiente puedan empezar a negociar», dijo Merkel, quien describió la catástrofe que hubiera supuesto comenzar en Indonesia las negociaciones sin un mandato de los líderes políticos.
Dificultades
La canciller alemana reconoció que lograr un compromiso que recogiera en forma explícita una reducción numérica fue «difícil», teniendo en cuenta que «EE.UU. se retiró del Protocolo de Kyoto, Canadá no lo ratificó y Japón tenía sus problemas con él».
Estados Unidos había acudido a la cumbre con una propuesta de entablar un diálogo entre los países industrializados y los emergentes, que no sólo no incluía objetivos concretos de reducción sino tampoco encuadraba este proceso bajo el paraguas de la ONU.
Merkel señaló que creía haber podido convencer al presidente de EE.UU., George Bush, argumentando que habría sido mucho más difícil comprometer a los emergentes a la lucha contra el cambio climático si la iniciativa «se hubiera visto como una acción singular» y no desde el principio como un proceso dentro de la ONU.
EE.UU. ha argumentado que uno de los motivos principales por los que no se sumó al Protocolo de Kioto fue que éste no comprometía a las naciones emergentes como China, que en breve incluso superarán al campeón mundial Estados Unidos en el nivel de emisiones.
La canciller destacó la importancia de que el acuerdo se negocie en el marco de la ONU, que, dijo, «es el foro multilateral» más adecuado para un acuerdo que «debe tener legitimidad jurídica» y «credibilidad» en la comunidad internacional.
Fuentes alemanas subrayaron que el acuerdo fue posible gracias al gran apoyo prestado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro británico, Tony Blair, como también por el jefe del gobierno italiano, Romano Prodi, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.
Blair y Sarkozy, por su parte, subrayaron que el acuerdo alcanzado ayer es «un gran paso» para afrontar el problema a pesar de que no haya objetivos obligatorios.
Sarkozy destacó que «es la primera vez que hay un acuerdo con cifras» en el G8, y añadió que aunque «no hay una obligación absoluta» de lograr esos objetivos, si el resultado «se toma en cuenta seriamente, hemos llegado lejos».
El presidente francés dijo que tuvo que «arrancar» el compromiso a Bush en una discusión que fue muy intensa pero que «no fue desagradable».
«Se lo he tenido que arrancar al final de la última reunión» de la mañana, afirmó Sarkozy.
Durante la primera jornada de sesiones, se acordó por lo demás abrir un diálogo institucionalizado con los cinco principales países emergentes, Brasil, China, India, México y Sudáfrica.
Merkel señaló que este «Proceso de Heiligendamm», como se ha denominado la iniciativa, abrirá un diálogo con el denominado G5, aunque no constituye una ampliación del grupo.
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