Dos secuencias de la tragedia que ven los habitantes de Birmania. A los 10.000 muertos y la destrucción deben sumarle ahora la falta de agua y alimentos.
Birmania anunció ayer que más de 10.000 personas murieron por el ciclón que se abatió este fin de semana sobre varias regiones del país, cuyo hermético régimen militar realizó una inusual solicitud de ayuda al mundo.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La junta militar que dirige Birmania, uno de los países más pobres de Asia, advirtió además que el número de fallecidos puede incrementarse de manera considerable. «Aún se está recabando información, por lo que podría haber más víctimas», anunció en la televisión estatal el ministro de Relaciones Exteriores, Nyan Win.
La televisión estatal mostró imágenes de poblaciones completamente anegadas en la desembocadura del río Irrawaddy (a unos 220 kilómetros al sudoeste de Yangón), la zona más afectada por el paso desde el viernes del ciclón Nargis.
La ONU anunció que cientos de miles de personas perdieron sus hogares.
Miles de edificios y pueblos enteros quedaron completamente arrasados por vientos de más de 190 km/h, que también destruyeron carreteras y canalizaciones de agua potable. «Nunca había visto nada igual en toda mi vida», aseguró un anciano de 70 años de Rangún.
El anuncio de la magnitud de la catástrofe coincidió con el inicio de las labores de asistencia por parte de las organizaciones internacionales, que se enfrentan a las dificultades provocadas por el ciclón y a las derivadas de trabajar en uno de los países más aislados del mundo.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, se mostró «muy alarmado» por la tragedia y anunció que este organismo hará «todo lo necesario para proveer asistencia humanitaria urgente». En un gesto inhabitual de un régimen que impone severas restricciones al trabajo de las organizaciones humanitarias extranjeras, el gobierno birmano demandó ayuda a la comunidad internacional.
Sanciones
Estados Unidos, por ejemplo, anunció la concesión de 250.000 dólares a un país al que tiene impuestas sanciones económicas desde que una revuelta de monjes tibetanos acabó el pasado año en represión policial y en la muerte de 31 personas. La esposa del presidente estadounidense, Laura Bush, prometió aumentar esa cifra y criticó a la junta militar birmana por no haber alertado a tiempo a la población de la llegada de un ciclón.
UNICEF desplegó cinco misiones de evaluación y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) almacenó 500 toneladas de alimentos en Rangún y generadores en Camboya. La Unión Europea anunció -por su parte- una ayuda de dos millones de euros (3 millones de dólares, y, posteriormente, países como Noruega, Holanda, Alemania, Suecia, Tailandia, Japón e India se sumaron a las ofertas de ayuda.
A pesar del desastre humanitario, el gobierno birmano anunció que mantiene para el próximo sábado la convocatoria de un referndo sobre una nueva Constitución que abriría la vía a la celebración de elecciones multipartidistas en 2010.
Dejá tu comentario