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30 de diciembre 2003 - 00:00

Hijas de Saddam, fieles pese a todo

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Ranah y su hermana mayor, Raghad, viven en el complejo real de Amán, bajo la protección del rey Abdalá de Jordania, desde que Bagdad cayó en poder de las tropas norteamericanas. Hace dos fines de semana, un amigo las llamó por teléfono para anunciarles que su padre había sido capturado.

En cambio, Ranah interpretó inmediatamente los gestos de su padre. Saddam se acariciaba la barba, lo que, según ella, era una señal que hacía a los líderes tribales iraquíes. Con aquello quería decir: «He sido traicionado».

Las dos mujeres han permanecido fieles a su padre, inclusive cuando llegó el momento de discutir la muerte de sus maridos. Saddam solía llevarlas de picnic y hasta les enseñó a nadar. Y cuando ya se convirtieron en adolescentes, las acompañaba a recorrer tiendas por todo Bagdad.





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