Hizbollah dice que ganó y complica al negar desarme
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«¡Vengan, bombardéenme!», dice Hizbollah mientras se refugia cobardemente entre la población civil libanesa, gran perjudicada en la guerra, según la visión humorística de Patrick Chappatte en el «International Herald Tribune».
Hassan Nasrallah, líder de Hizbollah, dijo ayer que el desarme de su milicia es «prematuro» y lanzó veladas críticas al gobierno libanés. Torpedea así la posibilidad de alcanzar soluciones de fondo en el conflicto con Israel.
El líder de Hizbollah pidió a la población que no dé crédito a esas supuestas diferencias porque «la unidad nacional y la Resistencia son los dos elementos de la fuerza necesaria para construir un Estado fuerte y la solución para todos los problemas que tenemos ahora».
«Pido que las negociaciones (sobre el desarme) vuelvan a sus canales naturales, por eso preferimos no entrar en ese debate ahora», manifestó.
Además, respecto de las peticiones para que Hizbollah entregue las armas al ejército libanés, Nasrallah aseguró que su grupo lo hará cuando «los que soliciten las armas» también reclamen «las Granjas de Cheeba (ocupadas por Israel, que las considera sirias como la ONU, pero que Beirut reclama como propias) y el regreso de los prisioneros y garantías verdaderas para estabilidad del Líbano».
Nasrallah, hombre de tendencia islamistay afín a los regímenes de Irán y Siria, aseguró que la destrucción de casas e infraestructuras tiene una dimensión «única» pese a anteriores contiendas con Israel, y mostró su agradecimiento a la gente que ayudó a los desplazados.
«Vamos a tomar la iniciativa para restaurar las casas derruidas y a ayudar a sus propietarios lo antes posible. Este es el día de cumplir mis promesas: no van a necesitar pedir ayuda a nadie porque la ayuda comenzará a llegar mañana», por hoy, aseguró el líder chiita que, seguramente, contará para cumplir con esa proclama con dinero fresco de Teherán.
Nasrallah prometió que cada familia recibirá «dinero suficiente para alquilar una casa durante un año».
«La continuación de la victoria es a través de la reconstrucción, especialmente de las viviendas, para que el pueblo pueda volver a sus hogares», afirmó.
El secretario general de Hizbollah añadió que «todas las necesidades, aunque son grandes y graves, mañana (por hoy) serán cubiertas», y arremetiendo una vez más sutilmente contra el gobierno central, puntualizó que no se puede esperar a que llegue la ayuda de Beirut porque ésta puede demorarse.
Nasrallah pronunció su discurso -de poco más de media hora de duración- en su habitual tono reposado y con su indumentaria habitual -túnica y turbante negros- frente a un fondo en el que se veía la bandera del Líbano y el emblema amarillo de su organización.




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