Hugo Chavez regresó al poder y sorprendio con discurso moderado

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Hugo Chávez reasumió ayer el poder en Venezuela, después de tres días de aguda crisis política, del fracaso de un golpe cívico-militar y de un arresto en una guarnición militar. En su mensaje, el mandatario mostró un tono inesperadamente conciliador y evitó sus tradicionales amenazas a la oposición y las diatribas contra los Estados Unidos. Asimismo, llamó a la concordia, pidió calma a la población y dijo estar dispuesto a enmendar sus propios errores. Mientras en Caracas sus partidarios festejaban ruidosamente, una ola de saqueos mantuvo la tensión y puso en guardia a las autoridades. Incómodo tras su aval al efímero gobierno del empresario Pedro Carmona, que ayer permanecía bajo arresto, Estados Unidos reaccionó con frialdad al regreso de Chávez y se limitó a reclamarle respeto a las libertades democráticas. Mientras las expectativas se concentran en lo que pueda ocurrir hoy con el precio del crudo (la caída de Chávez había provocado una baja de 6%), el mandatario repuesto logró la renuncia del directorio de la petrolera estatal, cerrando el conflicto que desató el golpe del jueves.

Caracas (AFP, Reuters, ANSA) - Después de tres días de fuerte tensión, Venezuela amaneció ayer con Hugo Chávez nuevamente en el poder dando un prolongado discurso en cadena nacional. El mandatario, repuesto por un rápido contragolpe de sus partidarios y militares afines, resaltó que «el pueblo venezolano nunca más va a estar solo», en alusión a lo que entendió como un respaldo de muchos países a la democracia de su país, pero dedicó varios párrafos a pedir calma a la población, en momentos en que se producían nuevos saqueos.

Hasta el propio Chávez admitió en su discurso de reasunción que la sucesión de acontecimientos lo dejó «estupefacto». Se mostró algo desorientado y hasta preguntó en cámara el día y la hora, en las primeras horas del domingo. «Estaba seguro de que íbamos a volver, pero jamás me imaginé que iba a ser tan rapidito», dijo en la alocución que de a poco se fue distendiendo.

Narró que en su corta reclusión en la isla de La Orchila, en el Caribe, se fue a meditar a la playa con un crucifijo junto con un obispo.

En principio emitió un mensaje conciliador, anunció que se les garantizará a los golpistas un proceso justo e instó a los opositores a «hacer política en serio». Felicitó a sus soldados que hicieron «una contrarrevolución sin disparar un tiro, sin derramar sangre». «Me traigo lecciones aquí de tanto pensar, de tanta angustia, de tanto dolor. Vengo dispuesto a rectificar donde tenga que rectificar», dijo en su primer mensaje al país al retomar la presidencia.
Anunció que aceptaba la renuncia de la cúpula de la petrolera estatal PDVSA, que había sido nombrada por el propio Chávez y fue uno de los principales puntos de conflicto en la última semana.

Una multitud de varios miles de personas lo recibió en los alrededores de Miraflores, a donde arribó en helicóptero en la noche del sábado. «Si ayer los amaba, hoy los amo muchísimo más», agregó el presidente.

Por momentos Chávez se emocionó en cámara al recordar el intenso fin de semana vivido, que en las primeras horas del viernes lo vio desalojado del poder por un golpe cívicomilitar que puso en el poder al empresario
Pedro Carmona, titular de la patronal Fedecámaras, ahora preso. Mientras no era clara la situación legal del entonces ex presidente, el nuevo gobierno derogó las medidas más conflictivas de la administración chavista y comenzó a encarcelar a sus funcionarios y partidarios, además de disolver la Asamblea Nacional, el Poder Judicial y los organismos de control. Pero hacia el sábado ya estaba claro que muchos miembros del ejército, en especial los de rango inferior y particularmente la brigada de paracaidistas, seguían siendo leales a su antiguo jefe, y sus partidarios entre la población, en su mayoría de clase baja, salieron a la calle a reclamar su regreso al poder. La cúpula del ejército, en boca del jefe del Ejército, Efraín Vázquez, viró bruscamente en su apoyo a Carmona y le exigió la reinstauración de la Asamblea y que «se respete la Constitución». En la tarde del sábado fue restituido en el poder el vicepresidente constitucional Diosdado Cabello y Carmona se refugió en una unidad militar (posteriormente sería trasladado detenido al Fuerte Tiuna).

•Saqueos multiplicados

En tanto, los saqueos estallaron el viernes en la capital y el interior, se multiplicaron el sábado y continuaban ayer en zonas populosas del oeste y sudoeste de Caracas.

Freddy Bernal
, fervoroso chavista y alcalde del municipio Libertador (centro y populoso oeste capitalino), denunció «saqueos generalizados en (la parroquia) Sucre, Caricuao (Sudoeste) y otros lugares» de Caracas. Fuentes independientes también reportaron saqueos en Catia (extremo oeste), Antímano y La Yaguara (Sudoeste). Desde el jueves pasado, cuando se desencadenó el golpe de Estado cívico-militar, los enfrentamientos en Caracas dejaron 41 muertos y 323 heridos, informó la brigada de bomberos metropolitanos. Ayer el panorama en Caracas era un tanto desolador. Vidrieras rotas, tiendas saqueadas y manchas de sangre testimoniaban los disturbios. El alcalde de Caracas, el opositor Alfredo Peña, denunció que sus oficinas fueron baleadas.

El efímero presidente Carmona solicitó a la Iglesia Católica que le «garantice su vida y la de su familia», según indicó
Baltazar Porras, presidente de la Conferencia Episcopal.

Chávez, quien fue elegido por primera vez con más de 70% de los votos, había confrontado de forma cada vez más dura con Fedecámaras, la Confederación de Trabajadores Venezolanos (CTV, que responde al ex presidente socialdemócrata -AD-Carlos
Andrés Pérez), la Iglesia y fundamentalmente los medios de comunicación, entre ellos los diarios «El Nacional» y «El Universal», y los canales Televen y Globo visión. De la mano de una crisis económica persistente, un alto índice de criminalidad, y de un descenso importante del precio del petróleo (Venezuela es el cuarto exportador mundial), Chávez había perdido popularidad aunque aún conservaba la adhesión de un tercio de la población, en especial de la clase baja, enorme mayoría en Venezuela (80%). Su caída había estado precedida por la rebelión de varias semanas de los gerentes de PDVSA, más un paro de 48 horas convocado por Fedecámaras y la CTV. Mientras éstas manifestaban el jueves en un acto multitudinario, con gran participación de la clase media, se desencadenó la violencia que derivó sólo en ese día en quince muertos. Tras las muertes, los generales que aún le eran leales a Chávez le reclamaron el puesto. Sus más acérrimos opositores estaban convencidos de que el alejamiento era definitivo, pero duró sólo 48 horas.

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