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31 de octubre 2008 - 00:00

Impactante fuga expone poder de milicias en Rio

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La fuga de un Batman carioca de un presidio de máxima seguridad mostró que la «maravilhosa» Rio de Janeiro puede ser comparada con Ciudad Gótica, donde la violencia y la inseguridad no son parte de la historieta, sino problemas de la realidad. Tanto que la noticia le aguó la fiesta al «dúo dinámico» conformado por Eduardo Paes -alcalde electo para la ciudad el domingo 28- y Sergio Cabral -gobernador del estado de Rio-, ambos del PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño).

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Ricardo «Batman» -el alias de Ricardo Teixeira da Cruz-consiguió escaparse el lunes de Bangu 8, una cárcel del estado de Rio de Janeiro que alberga a varios presos vip (entre ellos, Salvatore Cacciola, el banquero acusado de estafas de guante blanco, extraditado este año desde Mónaco). La fuga fue de película: el preso salió caminando por la puerta principal del presidio, custodiado por dos hombres vestidos con el uniforme de GIT (Grupo de Intervenciones Tácticas, una tropa de élite del sistema penitenciario del estado de Rio de Janeiro). Las cámaras de seguridad habían sido desactivadas, pero el gran escape fue registrado, en parte, por las de la cárcel de Agua Santa, vecina a la Bangu 8. Ese monitoreo permitió saber que Batman y sus ayudantes abandonaron la zona en un auto blanco. El vehículo tenía una patente melliza de la del director de esa cárcel para mujeres.

El Batman carioca no es un desconocido. Es un ex Policía Militar, expulsado de esa fuerza de inteligencia brasileña en 1992 y encarcelado desde agosto de 2007, acusado de varios homicidios. Es uno de los líderes de Liga de Justicia, una de las tantas milicias que asuelan y controlan, además de los narcos, las favelas de Rio de Janeiro. Estas milicias se parecen en mucho a las colombianas: en ellas se asocian ex miembros de las fuerzas de seguridad con políticos. El fenómeno, relativamente nuevo, viene siendo denunciado por el grupo O Globo y combatido --hasta ahora con escaso éxitoporel gobernador Cabral, ya que la seguridad es responsabilidad del gobierno estadual y no de la ciudad.

La milicia Liga de Justicia opera en el oeste de la « cidade maravilhosa», donde están las favelas Vilar Carioca y Barbante. No está probado aún que aquélla, como el resto de la media docena de milicias identificadas hasta hoy trafique con droga. Pareciera que por ahora sólo imponen la obligatoriedad de votar a sus candidatos políticos (bajo amenaza de muerte) y que se contraten sus servicios clandestinos de seguridad, transporte alternativo, distribución de garrafas de gas y de TV por cable. Por su parte, Liga de Justicia cuenta en su cúpula con el diputado estadual Natalino Guimaraes y su hermano Jerominho, edil por el PMDB. Ambos siguen presos en la cárcel Bangu 8, pero serían los responsables de haber organizado una «vaca» entre los reclusos del pabellón. Los 2 millones de reales recaudados --952.000 dólares-, bien distribuidos después, habrían colaborado con la vista gorda de los carceleros.

El gobernador Sergio Cabral, convencido de que Batman contó con ayuda de altos mandos del Servicio Penitenciario y de la Policía Militar, ya pidió la renuncia del director de la cárcel, pero todavía preserva en su puesto al secretario de Seguridad estadual. «Estamos en una guerra contra las milicias de Rio de Janeiro y como tenemos filmaciones de la fuga, vamos a jugar fuerte», prometió. El miércoles llevó otra vez el tema al mismísimo presidente Lula da Silva, quien había accedido antes a su pedido de enviar al Ejército nacional para controlar las elecciones.

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