Bush, que el martes reclamó a los senadores que no le «aten las manos» al considerar restrictivas algunas de las posibilidades que se barajan, aventuró que la anunciada aceptación por parte de Irak del regreso incondicional de los inspectores de desarme de la ONU es una maniobra de Hussein, que «cede lo suficiente para evitar el castigo», hasta que se desvíe la atención.
En otro mensaje dirigido a los senadores, sobre todo, a los demócratas que hacen sentir su mayoría, Bush aseguró: «Ninguno de nosotros quiere la guerra, porque sabemos los horrores que entraña», pero pidió que no fallen «ante el desafío que se nos ha planteado».
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