En el atentado más grave contra el ejército de los Estados Unidos durante la posguerra, la resistencia iraquí derribó ayer con un misil un helicóptero que transportaba militares que se encontraban de licencia: dejó 16 soldados muertos e hirió a otros 20. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, que se encuentra bajo una fuerte presión en su país por el gran número de bajas que se están produciendo, reconoció que ayer fue un «día trágico». La guerrilla urbana se está convirtiendo, de esta manera, en un verdadero drama para la inteligencia militar estadounidense. El hecho es de tal magnitud que inclusive, durante toda la guerra, un solo día había registrado un número mayor de muertos, cuando cayeron 28 soldados en combate. Además, ayer, dos civiles norteamericanos que trabajaban para el Pentágono fueron asesinados en Falluja. Ante esta situación, senadores republicanos y demócratas dijeron que el Congreso de EE.UU. está considerando enviar más tropas a Irak.
El helicóptero derribado volaba cerca de otro Chinook-47 en dirección al aeropuerto de Bagdad, desde donde salen los aviones militares que, entre otros servicios, llevan y traen a los soldados destacados en Irak.
Las víctimas mortales y los heridos estaban destinados en la base de Ridgeway, situada cerca de la localidad de Falluja, a unos 65 kilómetros al oeste de las capital iraquí y escenario frecuente de ataques contra las tropas estadounidenses.
En las proximidades del lugar donde se estrelló el aparato y mientras el personal estadounidense recogía los cuerpos de las víctimas, varias decenas de campesinos celebraban el ataque contra las fuerzas de Estados Unidos.