El presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, puso fin hoy a la legislatura, al recibir en el palacio del Quirinal a los presidentes de las dos ramas del Parlamento, y mañana formalizará la disolución de las Cámaras junto al premier Romano Prodi, para que el consejo de ministros convoque las elecciones políticas anticipadas, el próximo 13 y 14 de abril.
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Siguiendo el trámite previsto por el artículo 88 de la Constitución italiana, Napolitano recibió primero al presidente del Senado, Franco Marini, y luego al de la Cámara de diputados, Fausto Bertinotti, con quienes estuvo reunido una media hora y que no efectuaron ninguna declaración al término de sus respectivos encuentros.
Ayer Marini le había comunicado al jefe del Estado italiano el fracaso que había registrado en el mandato que le había confiado Napolitano: buscar un consenso entre las fuerzas políticas sobre una posible reforma de la ley electoral y el apoyo a un gobierno transitorio, encargado de llevarla a cabo.
Marini no logró definir un compromiso entre las posiciones de los partidos: entre las fuerzas que integran el polo de centro-derecha -Forza Italia (Fi) y Alianza Nacional (An)- insistieron en ir a las urnas tras la caída del gobierno Prodi, la Liga Norte no quiso ni siquiera participar en las consultas , y la Unión Democrática de Centro (Udc), que había abogado por un "gobierno de pacificación" terminó rindiéndose a la evidencia y alineándose con sus aliados.
Varios socios menores de la ex mayoría de centro-izquierda, a su vez, se expresaron en contra de un gobierno transitorio, temiendo un cambio de ley electoral que beneficiara solamente a las formaciones más importantes.
En su intento fallido de llevar a cabo la reforma -que Napolitano había indicado como esencial en repetidas ocasiones- Marini contó sobre todo con el apoyo del Partido Democrático (Pd), principal fuerza del centro-izquierda, y de numerosas organizaciones sindicales y empresariales, preocupadas por la posibilidad que las nuevas elecciones desemboquen en una nueva situación de inestabilidad como la que marcó los poco menos de dos años del gobierno Prodi.
De hecho, el previsible fracaso de Marini ya ha provocado una serie de tomas de posiciones de los partidos, que empiezan a dibujar sus estrategias electorales: es así que el ex premier y líder de Forza Italia, Silvio Berlusconi, se mostró confiado en la victoria del centro-derecha, en base a sondeos que le atribuyen una ventaja de entre el 10 y el 15% en las intenciones de voto.
Por su parte el líder del Pd y alcalde de Roma, Walter Veltroni, confirmó su intención de ir a las elecciones sin listas comunes con los ex socios del centro-izquierda, para evitar el riesgo de las continuas tensiones desde el centro y la izquierda que hicieron zozobrar y finalmente resultaron fatales al gobierno de Prodi.
Los socios menores del ex-oficialismo, y en particular modo los partidos neocomunistas, han criticado esta actitud de Veltroni, sosteniendo que de hecho equivale a entregarle la victoria a Berlusconi, aunque algunos politólogos y expertos en sondeos subrayan que el factor de novedad que representa el Pd, y el carisma personal de Veltroni podrían representar la sorpresa política de las elecciones de abril.
A estos analisis, a su vez, se han sumado en los últimos días especulaciones y rumores sobre una posible apertura de Berlusconi hacia el Pd, en caso de victoria del centro-derecha en las urnas: las hipótesis van desde la garantía para la oposición de la presidencia de una de las cámaras hasta un gobierno con miembros del centro-izquierda, para llevar a cabo un programa mínimo de reformas esenciales.
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