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La huelga, convocada por las tres mayores centrales sindicales (Cgil, Cisl, Uil) para pedir la renovación del contrato de los empleados del transporte público, tuvo un fuerte impacto en ciudades como Milán, Roma, Venecia, Génova y Nápoles.
Cerca del 90% de los trabajadores del sector, que incluye metropolitana, autobús, buses y trenes municipales adhirieron a la huelga.
En Milán, capital económica de la península, la huelga inició antes del previsto (07H45 GMT) provocando el caos en la ciudad.
Las tres centrales sindicales lamentaron las graves molestias causadas a los ciudadanos y criticaron la decisión de cambiar los horarios de duración de la movilización, dictada por "la desesperación que suscita el incumplimiento del contrato de los trabajadores".
En Venecia la adhesión fue casi unánime, según informó la empresa de transporte local, dejando sin "vaporetto", el barco-bus de transporte de la ciudad lagunar, a cientos de turistas.
Un servicio entre las lagunas fue garantizado, informó la empresa.
Más de 100.000 empleados del transporte público esperan la renovación del contrato que venció en el 2001.
Según los sindicatos, el 90% del personal en Italia adhirió a la huelga.