El Ministerio de Medio Ambiente de Japón anunció que instalará más de 800 cámaras en las montañas del país para monitorear las poblaciones de osos y frenar el aumento de sus ataques. La medida responde a una situación crítica, especialmente en la región norteña de Tohoku, donde se registran al menos cinco muertes desde el 1 de abril y se investiga un sexto caso sospechoso. La cifra enciende las alarmas tras el trágico récord de 13 víctimas fatales alcanzado durante 2025.
La angustia se apoderó de la rutina de los vecinos, donde la presencia de estos animales ya dejó de ser exclusiva de los bosques. Los reportes de ejemplares deambulando por centros comerciales, plazas públicas o en las inmediaciones de los colegios se volvieron habituales y mantienen a la comunidad en un estado de alerta permanente.
En una primera etapa, el despliegue técnico se focalizará en seis colonias clave de osos dentro de Tohoku, para luego expandir la cobertura a escala nacional en un plazo de cuatro años, según detalló a la AFP Yu Takahashi, funcionario del Ministerio.
Al evaluar la metodología actual, Takahashi advirtió sobre las falencias del sistema previo: "Hasta ahora, las comunidades locales censaban los osos en su territorio, cada una en períodos diferentes y con sus propios métodos". Con el nuevo equipamiento, el panorama cambiará por completo. "Nuestro objetivo es ahora obtener un censo más preciso", añadió el especialista.
Japón vigilará las montañas con más de 800 cámaras por la ola de ataques de osos.
Japón: la estrategia para atraer osos y las causas de su avance urbano
Como parte de este despliegue en el terreno, los equipos técnicos colocaron recipientes con una mezcla de miel y vino en puntos estratégicos de los bosques. Este cebo aromático busca atraer a los ejemplares hacia las zonas de cobertura para que los dispositivos puedan fotografiarlos y registrar sus características de forma efectiva.
Por su parte, la comunidad científica asocia este incremento de los encuentros peligrosos con un fenómeno dual. Por un lado, se registra un crecimiento sostenido en la población de osos; por el otro, el progresivo despoblamiento de las áreas rurales genera zonas deshabitadas que los animales comienzan a colonizar de forma natural al perderle el temor a la cercanía humana.