Miles de personas en la beatificación de Juan Pablo II.
Juan Pablo II ya es nuevo beato de la Iglesia católica, tras ser proclamado en una solemne ceremonia en la plaza San Pedro del Vaticano, presidida por su sucesor y actual pontífice, Benedicto XVI.
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El Pontífice oró después de la ceremonia ante el ataúd de Juan Pablo II, que accedió a la gloria de los altares.
El actual Papa, al finalizar la ceremonia de beatificación en la Plaza San Pedro, ingresó en la basílica vaticana y se arrodilló en recogimiento ante el féretro que contiene los restos mortales de Karol Wojtyla, colocado frente al altar mayor.
Decenas de jefes de Estado y de gobierno participaron en la ceremonia, mientras más de un millón de peregrinos, según datos de la Prefectura confirmados por la sala de prensa del Vaticano, se concentraron en las calles y las plazas de Roma, tanto en San Pedro como en otras zonas de la ciudad.
La beatificación fue proclamada seis años y un mes después de la muerte de Karol Wojtyla, el Papa polaco, ocurrida el 2 de abril de 2005, en el Vaticano. La causa de beatificación fue la más veloz de la historia de la Iglesia.
El sucesor de Wojtyla, el pontífice alemán Joseph Ratzinger, acogió el pedido el vicario de Roma, Agostino Vallini, y leyó la fórmula latina que colocó a Juan Pablo II entre los beatos.
La fiesta del nuevo beato, confirmó Benedicto XVI, será el 22 de octubre, el aniversario de la elección de Wojtyla al pontificado, en 1978.
Después que Benedicto XVI proclamó beato a su predecesor, se descubrió el tapiz con la imagen de Juan Pablo II, colocado en el balcón de las Bendiciones de la Basílica de San Pedro.
Luego de la proclamación se escuchó el Himno del Beato Juan Pablo II, con un texto que remite a las palabras-símbolo de su pontificado "tengan miedo! Abran las puertas a Cristo!".
El himno fue entonado mientras se descubría el gran tapiz dedicado al beato y mientras la monja Tobiana, que durante 27 años sirvió en el departamento papal, y la hermana Marie Simon-Pierre, cuya cura milagrosa del mal de Parkinson abrió el camino de la beatificación de Wojtyla, portaban las reliquias con la sangre del papa polaco.
La música del Himno, de monseñor Marco Frisina, resonó en la plaza San Pedro mientras se agitaban las banderas y los fieles expresaban profunda emoción.
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