22 de agosto 2022 - 00:01

La guerra en Europa se eterniza y pone en pausa la esperanza de un repunte económico

Las hostilidades dispararon los costos de la energía y los alimentos, y con ello la inflación. El remedio de la suba de tasas enfría la actividad, algo que se agrava con la política de confinamientos de China.

RESTRICCIONES. El uso del gas natural como un arma económica por parte de Rusia hace que las economías europeas resulten más dependientes del gas natural licuado, cuyo costo es mayor.
RESTRICCIONES. El uso del gas natural como un arma económica por parte de Rusia hace que las economías europeas resulten más dependientes del gas natural licuado, cuyo costo es mayor.

París - Este iba a ser el año de la confirmación de la recuperación, ya sin confinamientos, después del fuerte repunte de 2021. Pero al cabo de seis meses de guerra entre Rusia y Ucrania, 2022 será otro año de grandes dificultades para la economía mundial, amenazada por la recesión y una disparada inflacionaria.

“Hace escasos seis meses, el panorama macroeconómico era muy diferente al de hoy”, señaló la agencia calificadora S&P Global.

En todo el mundo había buenas perspectivas de crecimiento y la inflación, provocada por la escasez de insumos ante una fuerte demanda, se consideraba “en gran medida transitoria”. Sin embargo, “las cosas han cambiado y no para mejor”, agregó S&P Global.

Los grandes organismos internacionales rebajan sistemáticamente sus previsiones de crecimiento global para 2022. El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta ahora un 3,2%, frente a casi 5% en octubre de 2021.

Era difícil imaginar el 24 de febrero, cuando Rusia invadió Ucrania, que dos países que pesan solo 2% del PBI y del comercio mundial, según la OCDE, hundirían al mundo en la depresión.

Pese a su peso modesto, Ucrania y Rusia son centros neurálgicos del comercio de granos, fertilizantes y energía, y la guerra disparó los precios.

Dispersión

De Europa a Estados Unidos, de América Latina a África, el caso es el mismo.

En Túnez, “las clases trabajadoras viven una catástrofe”, afirma Naima Degaoui, una enfermera jubilada de 70 años. “El aumento de precios se ve en todo”, desde las frutas a la carne e incluso el de la pimienta, que “se cuadruplicó”, apunta.

A 11.000 km de distancia, en la chilena Valparaíso, Nayib Piñeira, un asistente social de 33 años, asegura que “todo está más caro”. Un litro de nafta cuesta 1.300 pesos, “prácticamente lo que paga un ciudadano europeo, pero sin salario europeo”.

El encarecimiento de productos como el trigo, los aceites y los fertilizantes, así como el de los transportes, ha sido tal que la ONU advirtió del riesgo de un “huracán de hambre” en África, aunque los precios han bajado en las últimas semanas.

La industria también siente el impacto: los sectores que más consumen energía, como el químico, el siderúrgico y el metalúrgico, están sufriendo, lo que perjudica a la industria manufacturera en Alemania e Italia. En China y Japón, el sector está debilitado por la estrategia china de cero covid.

Recursos

Ante la inflación desatada, a los países desarrollados no les quedó más remedio que volver a sostener sus economías, después de las ayudas masivas que elevaron considerablemente su nivel de endeudamiento durante los confinamientos de la pandemia.

Subvenciones a la calefacción, rebajas en los combustibles, topes de precios e impuestos sobre los beneficios de las petroleras... Los Estados europeos compiten en imaginación, en tanto que Estados Unidos adopta una “ley de Reducción de la Inflación”, un plan de inversión de 370.000 millones de dólares.

El apoyo público se ha vuelto aun más esencial por el endurecimiento de la política monetaria de los bancos centrales para contener la inflación.

A las instituciones emisoras “no les queda otra opción”, resume Bertrand Candelon, profesor de finanzas de la Universidad Católica de Lovain (Bélgica).

Esas fuertes subas de las tasas de interés ya han causado un descalabro en los mercados financieros. Eso se debe a que en tiempos de incertidumbre, muchos inversores prefieren optar por lo seguro –bonos estatales–, antes que correr riesgos en la bolsa.

El índice S&P500 de Estados Unidos registra así sus peores pérdidas semestrales en 14 años.

Temores

Los indicadores inspiran poco optimismo: la confianza de los consumidores estadounidenses está cerca del punto más bajo de su historia y el ánimo de los empresarios alemanes es el más bajo en dos años, mientras el sector inmobiliario chino sufre una grave crisis.

En cuanto a la energía, Europa se enfrenta a “un invierno de todos los peligros”, advierte Candelon, en caso de que Rusia corte más el suministro de gas (ver nota aparte).

Junto a las políticas menos acomodaticias de los bancos centrales, que desalientan la inversión y el consumo, ese desplome hace temer una recesión mundial.

El cuadro general, sin embargo, presenta importantes paradojas. Estados Unidos, por ejemplo, nunca creó tantos empleos en el último medio siglo, lo que le ha permitido al presidente Joe Biden afirmar que su país no está en recesión, pese a dos trimestres consecutivos de contracción del PBI. Y en la eurozona, el desempleo está en sus mínimos históricos.

En una nota, analistas de HSBC comparan la economía mundial con el experimento de física cuántica conocido como el gato de Schrödinger en una caja: “La economía mundial podría estar en una recesión y no estarlo”, afirmaron, al igual que un gato podía estar vivo o muerto.

Agencia AFP

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