El premier israelí Ariel Sharon participó ayer de la «Marcha de los vivos» en los campos de exterminio de Auschwitz y Birkenau, junto a 20.000 personas y dirigentes europeos.
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A la necesidad de saber por qué pasó se suma la pregunta de qué puede hacer Alemania con su pasado, lo que muchas veces deja a sus habitantes acomplejados y casi sin habla.
A lo largo del tiempo, la respuesta de la sociedad alemana pasó por diferentes actitudes: negación, asco, indignación, sinceramiento, odio a los padres, autoinculpación, hartazgo o relativización, por citar sólo algunas de las reacciones.
La situación hoy indica, según una encuesta de marzo de la Fundación Konrad Adenauer (1.000 casos), que 72% de los alemanes siente «vergüenza» por los crímenes cometidos contra los judíos. Otros sondeos indican que no sólo se sienten avergonzados sino que incluso «culpables».
Sin embargo, entre los mayores, muchos de los cuales miraron para otro lado, da la impresión de que pudo haber primado el silencio sobre aquellos años.