La familia palestina Zeidan pasa delante de la casa que debió alquilar en Belén, Cisjordania, tras haber sido destruida la suya por obuses israelíes.
Orly Simon y su esposo Yoav viven en Gilo, un suburbio al sur de Jerusalén desde el que se contempla un valle y se puede divisar la población Beit Jala, en la que antes vivían Jacqueline Zeidan y su esposo Fayez. Ambas familias tienen mucho en común: hijas pequeñas (dos Simon y tres Zeidan), todas ellas muy lindas, y tanto Jacqueline como Orly están embarazadas. Pero los dividen diferencias mucho más profundas que un valle: los Simon son israelíes, y los Zeidan palestinos. Desde que es-talló la Intifada, guerrilleros palestinos en Beit Jala han disparado con frecuencia al suburbio de Gilo. Y las fuerzas israelíes responden con represalias bombardeando y destruyendo viviendas en Beit Jala. Una de éstas pertenecía a los Zeidan.
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¿Podrán algún día convivir palestinos e israelíes?
El saldo de víctimas no hace más que aumentar y los diplomáticos hacen lo imposible para hallar una solución, pero personas como los Simon y los Zeidan son los que deberán tomar las decisiones más duras. Si la solución es impedir que el conflicto quede en manos de los fanáticos de ambos bandos, los políticos deberán escuchar a quienes más arriesgan la estabilidad en sus vidas. Exhaustos, deprimidos y amargados por la guerra, los Zeidan y los Simon sólo quieren algo de tranquilidad. Pero no ven forma de salvar las diferencias. LOS ZEIDAN
Fayez Zeidan, de 36 años,va de un lado a otro de Belén todos los días en busca de trabajo, pero pocas veces lo consigue. Antes de iniciarse la Intifada en setiembre de 2000, era albañil en Israel, donde trabajaba codo a codo con los judíos."Entonces confiábamos mucho los unos en los otros", recuerda, "Solíamos ir a las ciudades y restoranes israelíes sin que nadie nos interrogara". Pero todo eso se acabó. Desde que la Intifada acabó con el libre tránsito entre Cisjordania e Israel, Fayez perdió su empleo. "Voy a ser franco contigo y te diré que vivimos de la caridad", afirma. Vive en un diminuto apartamento de dos habitaciones, con muebles usados y colchones tendidos en el suelo. La municipalidad le paga la renta de 300 dólares al mes.
El mayor orgullo de Fayez era una amplia casa que construyó en Beit Jala prácticamente con sus propias manos. De tres pisos y una terraza,con vista hacia Gilo, estaba muy cerca de la iglesia Ortodoxa Griega a la que asistía con su familia. Tardó cuatro años en construirla, el tiempo que la pareja vivió con los padres de Fayez. Pero en mayo pasado los israelíes bombardearon la casa, afirmando que en el techo había un nido de francotiradores. Mariana, que a sus 9 años es la hija mayor de los Zeidan, recuerda el bombardeo: "Huimos de casa, y vimos cómo se quemaba hasta que encontramos refugio". Perdieron todo: "Todo mi dinero y trabajo de cuatro años se esfumaron en dos minutos", dice Fayez. No estaba asegurado y no cobró indemnización alguna de Israel. "Estoy a favor de la lucha por un estado palestino", explica. "Pero no sé si vale la pena disparar contra los israelíes si no podemos defendernos". Huyeron a un campo de refugiados, hasta que también éste fue arrasado por los israelíes, y los Zeidan terminaron en Belén. Narmin, su hija de 7 años, llora por la cama que perdió durante el bombardeo. Mishlin, de 5 años, se despierta por las noches gritando "¡Jesús mío, llévame contigo y protégeme!". LOS SIMON
"Soy un optimista nato, pero la incertidumbre me agota", dice Yoav Simon, de 40 años. Trabaja como maestro en un instituto de ense-ñanza secundaria para niños superdotados. El y su esposa Orly, de 35 años, se empeñaron en hacer una vida normal en medio de la Intifada. "Ibamos al mercado a pesar de los atentados suicidas", cuenta Orly, quien dirige el departamento de Informática de la Biblioteca Nacional y Universitaria de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Viajábamos en autobús e íbamos a los cafés. La gente nos criticaba pero lo hacíamos deliberadamente, para hacer frente a la situación, para no enloquecer. No quería que mis hijas se sintieran afectadas: pienso que deben crecer con la sensación de que no nos decae el ánimo".
La presión ya está afectando a Yoav: "Sentimos el agotamiento. Somos reos de dos líderes estúpidos que piensan que se puede lograr algo matándose unos a otros". Orly se siente angus-tiado por las masacres y el terror ciego: "Ahora tengo mucho más cuando viajo en autobús, y al salir de casa no sé si voy a regresar viva". Ultimamente piensa en su propia muerte. "No quiero que mis hijas queden huérfanas. Tengo miedo de quedar lisiada. A veces imagino mi propio sepelio con todo detalle, incluyendo la fosa y el panegírico, y me sorprendo a mí misma soñando con un hermoso funeral". EN BUSCA DE UN LENGUAJE COMUN
A Fayez no le gusta hablar de política, pero insistiéndole dice que alguna vez pensó que "casi todos los judíos querían la paz ".
Creía que había israelíes dispuestos a retirarse de los territorios ocupados a cambio de coexistencia pacífica, pero ahora se siente desilusionado: "Los israelíes nos humillan e insultan cada vez que pueden. Será difícil llegar a un acuerdo,porque ha habido derramamiento de sangre en ambos bandos". Soñar con una vida normal parece una frivolidad. Si bien Orly critica a la Autoridad Palestina por haber despilfarrado la ayuda que recibió, en vez de construir hospitales, escuelas y fábricas, también piensa que los palestinos tienen derechos legítimos: "La mayoría quiere acabar con este conflicto. Todos ansiamos vivir en paz".
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